Pedraza en la cárcel: el doble carácter de la condena y la complicidad política

Por Daniel Mecca

“Condenar a José Ángel Pedraza por ser penalmente responsable del delito de homicidio en concurso ideal con homicidio en grado de tentativa, en calidad de partícipe necesario, a la pena de 15 años de prisión”.

Cuando se escucharon las palabras del juez Horacio Dias, presidente del Tribunal Oral Criminal N° 21, eran cerca de las ocho de la noche del viernes 19 de abril de 2013, en la sala de Comodoro Py. Afuera una multitud sintetizaba su grito y su lucha en una frase: “Perpetua a Pedraza”. Ese Pedraza que lentamente agachó la cabeza mientras oía su condena: nada más metafórico para representar el simbolismo político de la corrupción sindical y de la traición a los trabajadores.

La condena de 15 años a Pedraza no constituyó un acto de justicia por un crimen claramente político que involucró un

entrelazamiento tripartito de negocios entre el gobierno kirchnerista, la Unión Ferroviaria y las fuerzas represivas de la Policía Federal entonces encabezadas por Aníbal Fernández. Al otorgar 15 años y no darle la prisión Perpetua, la Justicia –que desestimó el “plan de tres patas”- le lavó el rostro cómplice al gobierno kirchnerista sobre este crimen. Fue un ángulo de carácter regimentador que materializa la idea oficialista de la “democratización” de la Justicia.

Fue, por un lado, un fallo sostenido con una demostración detallada del plan criminal por parte del propio Tribunal, que por sí mismo 20130419_154807justificaba las perpetuas. En este contexto, el juez Dias destacó que no existió una riña ni un enfrentamiento, que no hubo espontaneidad en el ataque de la patota ferroviaria; determinó que la convocatoria de dirigentes al lugar fue predeterminada por el sindicato de la UF y que los atacantes actuaron bajo la complicidad de la Federal. Aún más, Dias consignó que “existía de parte de la cabeza del sindicato un interés político y económico para reaccionar a los cortes” y que Pedraza “se preocupó para que Favale no hable” después del crimen. Pero los jueces –contradiciendo sus propios argumentos- redujeron las penas y las responsabilidades. E incluso atenuaron la causa al decir que a “nadie le convenía un muerto”, aludiendo a la Unión Ferroviaria.

Así, el segundo de Pedraza en el sindicato, Juan Carlos “Gallego”Fernández, también fue condenado a 15 años como partícipe necesario del crimen del joven militante del Partido Obrero. Cristian Favale y Gabriel Sánchez fueron condenados a 18 años de prisión como coautores de los disparos que mataron a Ferreyra e hirieron a otros tres compañeros. También le dieron 18 años al delegado Pablo Díaz, pero como “partícipe necesario”. De los siete policías imputados por abandono de persona, los comisarios Luis Mansilla y Jorge Ferreyra fueron condenados a 10 años de prisión -con igual calificación de participes necesarios- mientras que el jefe del operativo, el comisario Hugo Lompizado, sólo fue condenado a dos años de prisión por “incumplimiento de la función pública”. Los ferroviarios Juan Carlos Pérez y Guillermo Uño fueron absueltos.

Esta condena –que será apelada por la querella del Partido Obrero junto a Correpi- es una consecuencia histórica de una lucha concreta de miles de trabajadores que se extendió por más de dos años. Una lucha que no es una anécdota en el movimiento obrero, sino que atravesó la historia y ya es parte contundente de ella al lograr sentar en un juicio, por primera vez, a un dirigente sindical como autor cómplice de un crimen político. Una condena que es consecuencia directa de las movilizaciones, de los reclamos, de las actividades en las calles y en los lugares de trabajo. Una condena perteneciente a la lucha popular que puso en la cárcel a Pedraza y su patota.

El pedido de Perpetua a Pedraza no es un hecho abstracto ni vengativo: es la circunstancia que determina la articulación política, social y criminal que se manifestó en la entrega indiscriminada de subsidios del gobierno a las empresas ferroviarias; un esquema que derivó tiempo después en la masacre de Once donde murieron 52 personas bajo el desmantelamiento ferroviario. La perpetua a Pedraza es la lucha para que se terminen las burocracias mafiosas de los sindicatos.

La perpetua a Pedraza representa además el señalamiento de la política del gobierno nacional y popular que terceriza la represión a través de barrabravas como los que mataron a Ferreyra. Si Christian Favale y Gabriel Sánchez –ambos condenados a 18 años de prisión por coautores de homicidio- apretaron el revólver que asesinó a Mariano Ferreyra, fueron este gobierno y Pedraza (como máximo dirigente de la UF) los que fabricaron la bala asesina.

Hay que aceptar, sin embargo, que el Tribunal fue coherente en un aspecto: su decisión de no darle perpetua a Pedraza –y, en consecuencia, proteger al gobierno- fue una posición consecuente a la defensa escandalosa y gratuita que hizo el Tribunal del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en el marco de las escuchas entre el titular de la cartera laboral y José Pedraza. Fue el juez Dias quien asumió que “Tomada no quería saber nada (con Pedraza) cuando no le contestó cuarenta llamadas”.

“Hay una cosa que no salió en los medios y que es importante: cuando Tomada le habla a Pedraza, lo que no se escucha es que Tomada le dice: ‘Antes de que me digas cualquier cosa lo que te quiero decir es que esos 40 llamados que no te devolví…'”, sostiene el magistrado, al inferir por esto que Tomada se está “justificando” y que se “lo quería sacar de encima”.

Es una interpretación arbitraria y falaz, que pretende tergiversar el contenido político de esas charlas, donde Tomada habla de “trabajar políticamente a los tercerizados”, y “hacerles la cabeza”. Tampoco nombra a la segunda de Tomada, Noemí Rial, quien en otras escuchas incluso le llega a decir al titular de la UF: “Llamame a mi casa cualquier cosa que necesites, José”. Menos nombró el juez Dias en su extensa alocución de argumentos al ex macrista Juan Pablo Schiavi, entonces titular de la secretaría de Transporte de la Nación. Schiavi no solo formaba parte, como funcionario responsable, del entramado político y sindical que derivó en el crimen de Ferreyra, sino que también investigan su responsabilidad en la masacre ferroviaria de Once por la cual está procesado.

Es preciso recordar que en el mediodía del 20 de octubre de 2010 –en el mismo horario del asesinato de Mariano Ferrayra-, Pedraza participaba en la sede la UF de un congreso con empresarios ferroviarios —entre ellos los de las firmas tercerizadas— y funcionarios nacionales. Estaba allí junto a su segundo, el “Gallego” Fernández, quien estaba en contacto desde su celular con el delegado Pablo Díaz, marcado como el organizador y reclutador de la patota. Tanto Pedraza como Fernández estaban al tanto de lo que sucedía en Barracas, según admitió el propio jefe de la UF. Lo revelador es que en ese congreso participaba también Juan Pablo Schiavi. El día anterior, Pedreza le había avisado al funcionario que iba a haber un corte de vías.

La postura del Trubunal, de lavarle el rostro al gobierno y a los funcionarios involucrados, se emparenta con el proceso de victimización política del kirchnerismo que, en boca de la presidenta Cristina Fernández, dijo que la “bala que mató a Mariano Ferreyra rozó el corazón de N{estor Kirchner”, al hacer referencia a la muerte del ex presidente días después del crimen de Barracas. No: como alguien dijo una vez, la bala que mató a Mariano Ferreyra salió del corazón del Estado. 

Un proceso de victimización que tuvo ayer como protagonista al propio José Pedraza, quien, en sus palabras finales antes de la sentencia, no dejó dudas sobre el grado de relación y connivencia entre la Unión Ferroviaria y el gobierno nacional y popular: “La bala que rozó el corazón de (Néstor) Kirchner también rozó el de todos los ferroviarios y particularmente el mío”, testimonió el titular de la UF. En la entrevista publicada en el libro “Quién Mató a Mariano Ferreyra”, de Diego Rojas, Pedraza fue más preciso en sus alianzas con el kirchnerismo meses después del crimen:

Desde los medios oficialistas se le adjudica una cercanía a Eduardo Duhalde…
-No. Acá no sólo estuvo la Presidenta (Cristina Fernández), sino que estuvieron (Carlos) Tomada, (Florencio) Randazzo, (Oscar) Parrilli, (Juan) Manzur, (Jorge) Coscia. Con Coscia firmamos un convenio de cooperación cultural. Hemos participado de las movilizaciones en contra del campo, de las marchas de la CGT en apoyo al gobierno, también estuvimos en River. No tenemos nada que ver con Duhalde.

-El gobierno intenta despegarse de usted y de la Unión Ferroviaria.
-No, desligarse no. Después del 20 de octubre hablé con Julio de Vido, con Juan Pablo Schiavi, con Tomada….

De este modo, en el testimonio que dio ayer en la apertura de la audiencia, Pedraza proyectó el sistema de victimización y cinismo oficialista: miró directo a Beatriz Rial, madre de Mariano, y le dijo: “Por la memoria de mi madre y por el inmenso amor que les tengo a mis hijos, jamás promoví ni tuve absolutamente nada que ver con el desgraciado crimen de su hijo (…). Como padre me duele tanto como a usted”. Y cerró: “Estoy absolutamente seguro de mi inocencia pero sé del riesgo político y mediático que corro. Espero que Dios los haya iluminado en esta instancia”.

Crédito. www.pts.org.ar

Crédito. Web PTS

Pero el dolor de que le maten a su hijo, a su Mariano, en un plan orquestado por el propio Pedraza, de ese dolor sólo lo sabe ella, su mamá, quien en una carta escrita al cumplirse un año del crimen político, ella expresaba: “Sólo queda hacer, actuar, comprometerse, sentir, ser humano. Mariano hizo, actuó, se comprometió, sintió y fue humano. Era grande Mariano, tanto que se fue dejándonos algo tan sensible como la inmortalidad de su juventud, contagiándonos de ella, para hacernos a todos jóvenes con él. Para que cada vez que el pueblo salga a la calle todos seamos Mariano, con esa ilusión aguerrida, con la sangre hirviendo exigiendo y trabajando por una justicia clara y limpia, sin el polvo de los vicios de un pasado”.

Esa sangre hirviendo y militante que ayer cubría la calle de Comodoro Py atravesada de rojo. Esa ilusión aguerrida en cada rostro que pelea –y no sueña-por un mundo mejor, porque saben que soñar sería hacerle un guiño abstracto al destino. Y cruzar por adentro de la marcha y ver y sentir y vivir los llantos de bronca, de sangre hirviendo, de condena, de vida. Ver esos llantos y esas miradas de jóvenes de veintitantos, y esos ojos de todas las generaciones de luchadores que, anoche, gritaban que seguirá la lucha por la perpetua a Pedraza. Esos jóvenes que multiplicaron ese grito que no pudieron callar en Barracas. Porque la lucha para que haya justicia para Mariano Ferreyra sigue intacta, ahora que es siempre. Porque en esas miradas está la mirada de Mariano. Porque pelear por él es una afirmación concreta del latido. Porque luchar por Mariano es luchar por la vida.

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