Dia 66. Más alegatos de patoteros: Alcorcel, González y Pérez

En la misma audiencia se realizaron los alegatos de estas tres defensas. Rechazaron los hechos que se les imputan a sus clientes, solicitaron nulidades varias, negaron (sin refutar) la existencia de un plan criminal y apoyaron la desahuciada versión del ´homicidio en riña´.
Las defensas intentan ´descomponer´ las acciones de los acusados, como si éstas no estuvieran concatenadas. El crimen de Mariano es inescindible de las motivaciones políticas y económicas de sus instigadores, de las relaciones entre éstos, la Secretaría de Transporte y las empresas concesionarias del ferrocarril Roca y de los intereses que los asociaron.
Siguiendo el ´método´ de los defensores, en cambio, ´nadie´ mató a Mariano Ferreyra, los 17 imputados llegan a juicio como resultado de una sorprendente cadena de casualidades y -´en beneficio de la duda´- buscan refugiarse en la justificación del crimen aduciendo que se trató de una ´riña´.
Para sostener sus alegatos, los defensores derrapan sistemáticamente en la incoherencia, la arbitrariedad, la tergiversación de la prueba, el agravio a las víctimas, y protagonizan momentos verdaderamente bizarros.
Alcorcel
Según sus defensoras, Claudio Alcorcel se encuentra detenido por hablar por teléfono, saludar a Favale y ´arengar´. En palabras de las dos abogadas que lo representan, “cosas cotidianas, que no constituyen ningún delito”.
Según ´explicaron´, Alcorcel se encontraba en Avellaneda poco menos que por casualidad, ya que “iba al encuentro de una novia”. ´Cosas cotidianas de la vida´, Alcorcel salió en horario laboral para dirigirse a su encuentro amoroso, pero como vio ferroviarios arriba de la vía, se sumó a ellos (y a la novia la dejó plantada).
Entonces mantuvo unos 40 contactos telefónicos con Favale a lo largo de todo el día (en la instrucción de la causa, Alcorcel dijo que no lo conocía) y unos 15 con Pablo Díaz; saludó a Favale cuando éste llegaba al frente de un grupo de 20 lúmpenes que se trasladaron hasta Barracas en al menos dos automóviles y un micro, y finalmente arengó al resto de los patoteros para que bajaran de las vías antes de la agresión final.
Según el co-imputado Juan Carlos Pérez, cuando llegó Favale, Alcorcel, Díaz y Favale se reunieron aparte unos minutos. Luego, Pérez se desdijo en la audiencia de aquella declaración que prestó durante la instrucción en dos oportunidades, porque desentonaba con la ´estrategia´ defensiva diseñada por Pedraza y sus abogados.
Para las abogadas, sobre los llamados, los acusadores tejen “suposiciones e hipótesis”, e ilustraron al tribunal sobre el funcionamiento de los teléfonos celulares: llevaron dos equipos teléfonicos, las abogadas se llamaron entre ellas y así completaron la inédita demostración.
Las defensoras valoraron positivamente a los testigos de la patota (que mintieron descaradamente en contraposición con las declaraciones de decenas de otros testigos). En cambio, tacharon de “sospechosos” los testimonios, no sólo de las víctimas, sino también de los testigos circunstanciales que declararon contra los agresores.
Luego de proclamar que se trató de un ´homicidio en riña´, las abogadas precisaron que “Alcorcel no intervino en la gresca, no participó de ningún plan criminal. El plan comenzó después del 20 de octubre, pero no para aleccionar a los tercerizados sino para atrapar a un pez gordo, por conveniencia, por intereses políticos; y para eso, había que transitar por un cardumen de pescaditos”.
Para las defensoras, los acusadores “privamos a la familia de Mariano de saber la verdad: quizás el homicida estuvo aquí declarando y no lo pudimos reconocer”, señalaron en obvia referencia al ´testigo protegido´ Alejandro Benítez.
“De eso no se habla, de eso no se tuitea”, cerraron su alegato.
González
La defensora de Jorge Daniel González (identificado por el cuello ortopédico que luce en las imágenes de C5N) comenzó su alegato solicitando la nulidad de la causa desde la foja 192 en adelante (la causa consta de más de 9000 fojas). Sostuvo que la investigación estuvo “direccionada” en perjuicio de los acusados, desde un principio.
En cuanto a los hechos, la abogada dijo que se remitía a lo expuesto por sus colegas Fenzel, Freeland, Froment y Armando. De su propia cosecha, agregó que “los ferroviarios no estaban en contra de los reclamos sino del método”, recogiendo el más común de los lugares comunes que asolan nuestro país cada vez que se trata justificar la represión de un reclamo.
Según su versión, la presencia de los empleados de los talleres de Escalada –que no tienen contacto con el público- se debió a una cuestión de “solidaridad” con sus compañeros que sí tienen contacto con el público y que serían hostilizados por los pasajeros cada vez que se produce un corte.
Para su defensora, González no amenazó a los periodistas, no los coaccionó ni los introdujo al galpón de Chevallier. Los trabajdores de C5N mintieron (pidió el procesamiento por falso testimonio para la periodista Carchak –“se corrió de su rol de comunicadora social y tomó partido”- y el asistente Polito).
Conclusión: González reconoce haber estado exaltado, pero rechaza haber amenazado a los periodistas; éstos habrían levantado la cámara y se refugiaron en el galpón de Chevallier por propia voluntad y es en ese intervalo de apenas cuatro minutos –que coincide con el momento en el que el camarógrafo policial Villalba deja de filmar “para ahorrar batería”- que se producen un homicidio y tres heridos con armas de fuego del lado de los manifestantes. Todo muy casual, todo muy convincente.
Pérez
Para el defensor de Juan Carlos Pérez, el hecho que se le atribuye a su cliente sencillamente “no existió”. Atacó duramente a José Sotelo, un psicólogo que circulaba por Barracas cuando se produjo el ataque. Sotelo identificó a Pérez como quien recibía las armas de manos de dos tiradores.
Según declaró, Pérez les indicó además que “vayan y hablen con Pablo”. Demasiada coincidencia, ya que Sotelo –que declaró en la causa el 21 de octubre de 2010- ni siquiera sabía de la existencia de Pablo Díaz. Sin embargo, el defensor de Pérez alegó que Sotelo “no estuvo en el lugar del hecho”.
De lo ventilado en el juicio, surge que Pérez estuvo armado, formó parte del grupo que amenazó a los periodistas de C5N y finalmente se ocupó de retirar las armas del lugar. Declaró dos veces en la instrucción, comprometiendo muy seriamente a Pablo Díaz, Alcorcel y otros, y se mostró desesperado por ´colaborar´ con la pesquisa policial.
Luego, se allanó a la estrategia defensiva de Pedraza y su patota y renegó de sus primeras declaraciones. A pesar de todo esto, la fiscalía pidió su absolución y Pérez fue excarcelado, luego de pasar dos años en prisión preventiva. Su defensor, obviamente, pidió al tribunal que Pérez fuera liberado de culpa y cargo.
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