Día 65: Alegato de Favale, uno de los autores materiales

Le tocó el turno para alegar a la defensora de Cristian Favale, Florencia Hegglin. Como era de prever, afirmó que no había “pruebas firmes” contra su defendido y solicitó su absolución.

En forma subsidiaria, planteó que si el tribunal considera acreditado que Favale efectivamente disparó contra los manifestantes, se lo condene por “agresión tumultuosa”.
Hegglin planteó la nulidad de varias de las medidas adoptadas durante la investigación. Criticó a la justicia de instrucción por haber permitido que la imagen de Favale se ´filtrara´ a los medios de comunicación.
Según la defensora, eso originó un “juicio paralelo” frente a la opinión pública. Su alegato se centró en tecnicismos judiciales, porque a la hora de refutar en concreto las pruebas reunidas contra Favale, la defensora encontró grandes dificultades para hacerlo.
Muchos vieron cuando Favale disparaba
Por el debate pasaron 25 testigos que declararon haber visto tiradores durante el ataque. De ellos, al menos 16 acusaron directamente a Favale o aportaron con su descripción.
Está archi-probado que Favale actuaba regularmente como matón a sueldo de la burocracia, al menos desde que el ex boxeador y guardabarrera, ´Dinamita´ Pérez, lo presentara con Pablo Díaz. Favale estuvo presente el 6 de septiembre, en Constitución, junto a la patota, impidiendo medidas de los tercerizados, y en el acto posterior, en River, donde hablaron Moyano y Cristina, pocos días antes del crimen de Mariano, actuando como custodio de Díaz.
Las ´escuchas´ revelaron los contactos de Favale con policías bonaerenses, para que lo mantuvieran informado ´si había algo contra él´. Las pruebas contra Favale son terminantes.
“Los verdaderos culpables”
Hegglin es una defensora oficial, suministrada por el Estado. A diferencia del otro defensor oficial, Claudio Armando, y del resto de los defensores que alegaron hasta ahora, Hegglin intentó despegarse de la versión de la ´riña´ con la que éstos pretendieron justificar el asesinato de Mariano.
Según Hegglin, Favale fue utilizado como ´chivo expiatorio´ por los ferroviarios, a los que se refirió como “los verdaderos culpables”. Es decir, incriminó a la patota. Fundamentalmente, la defensora atacó el testimonio de Alejandro Benítez, el ´testigo protegido´ aportado por el gobierno, que acusó directamente a Favale por el homicidio, al comienzo de la investigación.
Hegglin recordó el testimonio de Alberto Esteche, un albañil que presenció la agresión y ubicó a Benítez, “el testigo de Néstor” (según propaló el gobierno desde antes del fallecimiento de Kirchner) “en la primera línea de ataque”, manipulando un arma y dando directivas al resto de los agresores.
Esteche también señaló a Gabriel ´Payaso´ Sánchez como uno de los tiradores. Para Hegglin, posteriormente al hecho, “Pedraza y los ferroviarios buscaron acercarse a Favale para dominar la estrategia de las defensas”.
Hegglin citó la transcripción de la llamada anónima que el comando radioeléctrico recibió a las 17:51 del 20 de octubre de 2010. Esa llamada –según pudo establecerse- fue realizada desde un locutorio de Constitución.
El denunciante desconocido afirmó entonces que quien disparó responde al sobrenombre ´Harry´ y aportó datos fehacientes: que trabaja de remisero y su número de celular. El mismo denunciante se ocupó además de aclarar que ´Harry´ (Favale) “no era del ferrocarril y que esto lo sabía porque se lo dijo Pablo Díaz”. ´
“Esta información claramente no venía de los manifestantes”, dijo la defensora y añadió: “Para estos, los que les dispararon eran todos ferroviarios, aunque había muchos vestidos de civil (sic). ¿Quién sabía que Harry no era ferroviario?, los mismos ferroviarios. Era una denuncia tendenciosa que buscaba desviar la atención hacia un ´no ferroviario´ (sic)”, completó.
Acotó Hegglin que “los coimputados intentaron desconocer a Favale, Pablo Díaz negó tener contacto con Favale, Alcorcel también lo negó y Pedraza dijo que no le constaba que fuera un ferroviario el que disparó. Por fuera, mientras tanto, trataron de comunicarse con Favale y ponerle un abogado”.
“Trataban de dominar la estrategia de defensa: intentaron deslindar en el ´no ferroviario´ los hechos cometidos. Esto fue la estrategia de defensa de los coimputados”, dijo Hegglin. La defensora intentó justificar así las comunicaciones que Favale mantuvo con Mario Giunti (UF) y Catriel Díaz (hijo del imputado Pablo Díaz) en los días posteriores al crimen.
Hegglin también señaló que entre Benítez y Sánchez existía una relación de amistad y que ambos fueron convocados a Barracas por el delegado Carnevale.
Final
Por último, Hegglin pidió la nulidad de los tres alegatos de la parte acusadora. Según ella, la contraparte modificó la ´base fáctica´ de la acusación, que consistiría –según la abogada- “en el acuerdo entre dos tiradores, Favale y Sánchez”.
Como en sus alegatos, la fiscalía y las querellas “se refirieron a la presencia de más tiradores”, esto viola el principio de congruencia. Es un intento de reducción al absurdo. Hegglin quiere enganchar a su defendido en el convoy que arranca con la tesis de que el asesinato de Mariano no fue el resultado de un plan criminal; sigue con que la policía fue ajena a este plan y actuó distraída de su deber de cuidar personas; y alcanza a las dos absoluciones que solicitó la fiscal, hace dos semanas.
Lo cierto es la querella que representa a Elsa Rodriguez y los otros compañeros heridos nunca se apartó de lo que luego fue el alegato de las acusaciones: Pedraza -en connivencia con empresarios y funcionarios- fue el instigador de un plan criminal dirigido a aleccionar a los tercerizados, cuyas movilizaciones ponían en riesgo fuertes negocios y su hegemonía en el gremio.
Para llevarlo a cabo, la burocracia se valió de un grupo de choque, del cual formaban parte Favale, Sánchez y otros. La defensora citó varias veces que Favale y Sánchez llegaron a Barracas simultáneamente, pero separados, y no estaría acreditado que hubiera una relación previa entre ambos…
A los pocos minutos de las llegadas de Favale y Sánchez, comenzaba el ataque mortal.
Hegglin aclaró de entrada que iba a ensayar una ´defensa técnica´, y concluyó en un vaciamiento de los hechos.
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