Día 47: Los peritos policiales terminan de hundir a la patota

Las pruebas y los testimonios incriminatorios caen como mazazos sobre los integrantes de la patota.  Los testigos más diversos aportan más y más precisiones sobre las características del ataque y dejan a los abogados defensores cada día con más desesperación, bronca y desánimo.

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Ayer fue el turno de tres peritos policiales. Los que tuvieron que ver con el estudio de las balas que mataron a Mariano e hirieron de gravedad a Elsa. Los tres sostuvieron que las balas en ambos casos salieron del mismo arma. También que los disparos fueron directos al cuerpo de los compañeros y las balas no chocaron antes contra nada.

Esto llenó de desesperación a la defensa de Favale, que, al igual que la de otros inculpados, intentó mostrar que la patota disparó al suelo o a la pared y que la bala rebotó y dio contra nuestros compañeros. Esto permitiría sostener la teoría de que no hubo intención de matar, sino que fue un accidente. Un gran fracaso de los defensores que saben que ya no les quedan muchas posibilidades de armar una defensa con cierto peso.

El primero en testificar fue Edgardo Ríos, oficial de la Policía Federal y perito de la división balística. La bala que mató a Mariano “era de un calibre 38 Especial, que presentaba una deformación”, dijo el testigo y agregó: esta y la que hirió de gravedad a Elsa son de “la misma arma de fuego”.

Cuando se puso en duda el peritaje por parte de las defensas porque las balas no estaban enteras, el testigo afirmó que “aunque el proyectil no esté entero, si las estrías son de buena calidad, se puede establecer la identidad de un proyectil”.

“Descartamos que haya rebotado”, declaró Ríos cuando la defensa de la patota le preguntó al respecto. Todo el esquema de la defensa de Favale, en especial, cayó en un pozo negro. “Si hubiera habido un impacto previo –dijo- no hubiera llegado con la energía suficiente para provocar el daño que provocó”. Golpe al argumento de la defensa de que no hubo intención de matar.

Otro perito, ratifica

El siguiente testigo fue Matías Romero Ale, perito de la División Balística de la Policía Federal. Explicó, frente a las mismas preguntas de si las balas habían rebotado antes de impactar sobre el cuerpo de nuestros compañeros, “recuerdo que hicimos un estudio por el que fuimos a un centro especializado” y “que se había buscado mediante un método químico, residuos que indiquen si había recibido contacto con otra superficie”. Todos dieron negativo. Nuevo broche al argumento del accidente. Otra derrota de la defensa.

Y el tercer perito pone punto final

El último testigo del día fue el perito de la Policía Federal, Juan Andrés  Leguiza.

“En los informes se concluyó que los proyectiles peritados fueron de una misma arma, aunque en un estudio posterior se rectifica respecto del proyectil ´del sobre 24´, el que fue disparado por un arma diferente”, dijo Leguiza. Eso muestra, para desesperación de las defensas, que el ataque no fue un hecho individual sino en grupo, lo que agrava la situación de la patota.

Porque varió esta conclusión?, le preguntaron al perito. Aclaró que “fue un error, por el poco tiempo que tuvimos para entregarlo (al informe)” y acotó que, “en el sobre 24 no se agotaron las instancias previas, no se contaron las estrías y se llevó directamente al microscopio. Luego –completó-al volver sobre los pasos previos se vio que variaban en la cantidad de estrías”.´

De todas maneras, fue el testigo que abrió más las conclusiones de los peritajes. En el caso de Elsa, dijo que era necesaria “toda la fuerza del impacto en la cabeza para poder producirle esa herida. Si hubiera habido un rebote no hubiera podido causar ese daño”.

“Respecto de Ferreyra, porque concluye que ´es probable´ que haya sido un disparo directo? También es probable (entonces) que hubiera habido un rebote?”, preguntó un abogado de la defensa.

El perito respondió: “para mí era más probable en ese momento por los datos que tenía que fue un disparo directo. Tomando en cuenta a la persona herida, las deformaciones idénticas  y la distancia que era la de cruzar la calle, de ochava a ochava, daba más la posibilidad de impacto directo”, concluyó.

El círculo se cierra y los abogados de la defensa parecen cada vez más golpeados.  El más agresivo, Alejandro Freeland, defensor de “Gallego” Fernández, estuvo varias audiencias sin concurrir y la abogada de Favale ya no sabe que preguntar para encontrar respuestas favorables. Y ayer, de nuevo, Pedraza dio el faltazo.

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