Día 46: Un vecino y la policía, testigos preferenciales de la masacre

La última audiencia de la semana tuvo un giro inesperado. En la recta final del juicio, cuando se acaban los testimonios presenciales y llega la etapa de los peritos que participaron en la causa, apareció un vecino de la zona –Miguel Angel Oga- y hundió por enésima vez a la patota criminal, cuando relató la forma en que llegaron con un bolso con armas, antes del ataque. Por si esto no bastara, luego remarcó que la presencia policial se percató de esto pero no hizo nada. Luego, otros cuatro testigos de la fuerza, ratificaron los mandos, las órdenes y la responsabilidad y complicidad de la Policía en la masacre perpetrada.

Oga habló al final, pero resignificó todo lo acontecido el viernes en Comodoro Py. Militante de la CTA, compareció ante la justicia en la Patota 2instrucción –aunque nadie lo recordaba por un tema de identidad reservada- luego de que lo llevara a la fiscalía el funcionario y cuñado de Aníbal Fernández, Héctor Meton. En aquella ocasión Oga no firmó la declaración porque no quiso acogerse al plan de cambio de identidad, y exigió seguridad sin tener que abandonar su nombre. No se acordó y quedó boyando su declaración. Pero ayer la retomó.

Vecino de la calle Lujan, a metros de donde mataron a Mariano Ferreyra, Oga escuchó gritos al mediodía y salió a la puerta de su casa con dos personas más. Allí, según relató, “habia unas 150 personas sobre Lujan con carteles rojos del Polo Obrero, y arriba de las vías había personas insultándolos e incluso habían lanzado cascotes”. También allí señaló a los dos patrulleros atravesados en la calle y a una persona de traje y otra hablando por handy sobre las vías. El relato se puso interesante cuando identificó a un grupo que bajó de las vías y habló con el personal policial:

-En ese momento para un auto Siena o Palio color borravino en la casa de al lado. Venía del Puente Bosch, dobla, para, queda con dos personas ahí. Después que terminan de hablar con la Federal, la policía se retira y bajan dos personas y pude identificar que esa persona que baja del auto tenía un bolso con armas. Se acercan a Bosch y Lujan y ahí en segundos empiezan a bajar de las vías, y a correr hacia el otro grupo (de manifestantes). Las 2 personas con el bolso se juntaron con las personas que bajaban –unas 100 según relató-. La policía se había retirado marcha atrás por Santa Maria. 

El relato de Oga deja en claro la maniobra conjunta entre la patota asesina y la policía. Además, explicó que “el grupo del PO intentó armar una defensa, con palos y debieron retroceder rápidamente”. Para entonces Oga quedó a unos 200 metros y escuchó disparos.

-Diez disparos de al menos tres armas distintas. Una 22, una semiautomática y otra diferente.

Diez disparos y diez minutos. Luego apareció un tercer patrullero –dijo- que, al igual que los otros dos, tampoco intervino y hasta un helicóptero policial, pero para entonces la patota ya retrocedía. Oga, que milita en la CTA y tiene experiencia en “grescas”, dijo que en los 70 solían llevar armas a manifestaciones y los portadores iban aparte para que –si algo pasaba- los agarraran solo a ellos. Y explicó que ese grupo –que habría llegado en un Palio que “se estacionó en la vereda izquierda sobre el lado del Riachuelo” de que bajaron los dos que hablaron con la Federal. Luego Oga volvió a repetir los gritos que todos los testigos han declarado: “Zurdos de mierda, los vamos a matar”.

La promesa se cumplió a 200 metros de la casa de Oga. Ante el pedido de la querella, se le exhibió al testigo un video de C5N en el que pudo reconocerse y señalar su casa en detalle. Se lo ve detrás de la patota, cuando ésta empieza a correr.

No más preguntas, su señoría.

 

Las fuerzas policiales no reprimen. No intervienen. No hacen nada.

Si el relato de Oga resultó vital para remarcar el rol fundamental de la Policía en la concreción del ataque y el asesinato, además permitió comprender aún más el relato de los cuatro policías que declararon previamente. Uno de ellos, Fernando Daniel Corzarin -oficial retirado que era jefe de calle de la comisaría 30°- remarcó que al llegar al lugar de los hechos –antes del ataque- observó al subcomisario Garay conversando con 4 o 5 personas. Si bien no se aceró ni le habló, esta imagen se asemeja a la descripta por Oga en cuanto al grupo que bajó de las vías para hablar con la Policía, en el momento en que llegó el auto con el bolso y las armas.

Por su parte, el inspector Pablo Miño –sub inspector por entonces- relató su escasa participación, a pesar de confirmar de que los imputados eran los jerárquicos a cargo, y destacó que en medio de los incidentes, en el momento en que se producía el ataque a piedrazos, el comisario Ponce –por POC- le ordenó que se retirasen hacia Constitución “por si se desplazaban hacia allí”. Suena ridículo que dejaran a la patota atacar libremente para cubrir un posible traslado del ataque a otro sitio. Cozarin lo repitió y Miño señaló a Premura, Ponce, Mansilla y Ferreyra, como los que estaban allí y al mando. Suena ridículo, pero es real.

Luego fue el turno de Gustavo Carca, que era super intendente de seguridad metropolitana. Remarcó que, desde 2004 aproximadamente, recibían órdenes de no reprimir ni confrontar sino que había que dialogar y mediar entre partes. Como se vio en el juicio –incluso en esta audiencia- el diálogo existió, pero sólo garantizó el ataque. La no represión se llevó al paroxismo de la no intervención, la desidia y la complicidad.

Además Carca describió con detalle la forma en que se armó el operativo, la forma en que se deben comunicar los hechos –y que no se hizo, ya que se pasó de Tracking a Poc- y reconoció que ya sabían que “iba a haber manifestación de tercerizados que pedían pase a planta permanente” y realizaron un “servicio preventivo”. Al hablar sobre ese día, explicó que la desconcentración de los manifestantes hacía imposible prever el ataque que provino luego. El último testigo, oficial Ricardo Ortega, no aportó más que lo que ya se sabía: el sistema de comunicación vía tracking, la elaboración de operativos, el conocimiento de la movilización y la decisión piramidal de la fuerza. Es decir, continuó con el hundimiento de los policías imputados.

Para el final de la audiencia quedó la decisión del tribunal de rechazar el llamado a testificar de Elisa Carrió, se desistió de la declaración de Aníbal Fernández, se aceptó incorporar la entrevista de Diego Rojas a Aguirre en el diario Perfil y se solicitó que los imputados advirtieran si tienen pensado declarar, ya que circuló la versión de que lo harían Pedraza y algunos otros.

Las audiencias continúan martes, jueves y viernes con declaración de los peritos. El juicio empieza a cerrarse y será el momento de los alegatos y la sentencia. Falta cada vez menos para que se haga justicia.

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