“La presión social es fundamental en estas causas” (Entrevista a María Luján Rey)

Once – Moreno. Andén 1. Hora pico. Una masa sedienta de libertad, conformada por más de mil pasajeros que regresan a su hogar, inunda el tren. Las personas se meten por puertas y ventanas. Furgón. Cumbia y marihuana. Escuchar el traqueteo del Sarmiento es firmar una sentencia de muerte. Como si los habitantes del conurbano merecieran menos, Plaza Miserere queda atrás, entre formaciones desvencijadas y vías arruinadas por el paso del tiempo. La fila de vagones proletarios se pierde en la llanura de la provincia de Buenos Aires.

Para entrevistar a María Luján Rey, referente del movimiento compuesto por las familias de los 52 muertos y más de 600 heridos que dejó la tragedia de Once, hay que tomar el mismo tren donde murió su hijo. Es la madre de Lucas Menghini Rey, la última víctima de la tragedia, hallado entre los hierros retorcidos, 57 horas después del accidente. Lo encontraron por la presión de sus familiares y amigos, ante un deficiente operativo de búsqueda y rescate.

San Antonio de Padua. Paredones y casas bajas. María Luján aparece caminando por las calles del Oeste. Lleva un nuevo tatuaje en el brazo izquierdo, en memoria de Lucas. El dibujo está conformado por algunas notas musicales y dos chimeneas, que hacen referencia al nombre de la banda donde su hijo tocaba la guitarra.

“Esta no es mi verdad, ni naciones ni banderas/No, no nos pueden comprar/No deben corrompernos informaciones falsas que empañan la visión/Madera noble, roble es mi corazón”, dice una de las canciones que su hijo, un juglar de 22 años, dejó como legado en la recta final. Final, a secas. Porque, aquí, no vale la palabra destino. Nada de lo que sucedió fue responsabilidad del azar, y María Lujan lo explica con claridad.

-¿El hecho de que hayan procesado a funcionarios y personas cercanas al Poder Ejecutivo por las 52 muertes de la tragedia de Once pone de manifiesto que el sistema ferroviario en general, y en particular el Sarmiento, está 1manejado por una mafia?

-Yo creo que los procesamientos dicen eso. Que hubo complicidad entre funcionarios, empresarios y sindicalistas durante mucho tiempo. Cada uno actuaba u obraba de manera diferente según el lugar que ocupara. Pero, para que los Cirigliano, en el caso de Trenes de Buenos Aires (TBA), pudieran desviar los subsidios necesitaron, sí o sí, la vista gorda y la aprobación de los funcionarios que tenían el deber de controlarlos. La asociación ilícita estaba conformada, también, por los ex secretarios de Transporte Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi. Pero Jaime y Schiavi están procesados por abuso de autoridad e incumplimiento de sus deberes como funcionarios, no están procesados por asociación ilícita. Los familiares sostenemos que la tragedia de once fue gestada y armada durante muchos años, bajo el accionar de funcionarios, empresarios y sindicalistas. No puedo hablar de otras empresas u otros servicios porque no me atañe. Pero no me cabe de duda de que, si esto sucedió en el Sarmiento, tranquilamente puede suceder en otra concesión.

-¿Qué significa para ustedes que no haya prisión preventiva para los primeros responsables políticos señalados por la investigación?

-Tenemos temor de que se fuguen. Porque sabemos la altura moral que tiene cada uno de los imputados. Quedó demostrado, primero, en sus acciones previas a la tragedia. Actuaron de manera tal que el 22 de febrero pudo suceder, sin ningún respeto por la dignidad o por la vida, por los pasajeros, o por el lugar que ocupaban los funcionarios. Conociendo, además, su altura moral a través de todos los artilugios que han usado para embarrar la causa, para demorar los tiempos, para refutar, para pedir nulidad. De hecho, para obstruir la justicia, que les valió la detención a los Cirigliano en un primer momento. Los familiares tenemos miedo de que se fuguen porque tienen la falta de ética, los medios económicos y cuentan, inclusive, con una flota de aviones privados.

-¿Qué similitudes encontrás entre el asesinato de tu hijo Lucas y el asesinato de Mariano Ferreyra, militante del Partido Obrero?

-Con sus grandes diferencias, ambos ponen de manifiesto la corrupción y la impunidad con la que se mueven algunos actores en diferentes lugares: desde las fuerzas de seguridad hasta los funcionarios y los empresarios que hacen lo que quieren, creyéndose dueños del dinero del Estado, de nuestro dinero, de nuestros bienes como son los ferrocarriles. También se creen dueños de nuestras vidas, cuando permiten arriesgarlas sólo para recaudar más o para que no se vean afectados sus intereses, que son netamente económicos. Creo que la corrupción, en líneas generales, mata. Esto en el caso de Mariano, en el de Lucas, en el de las otras 50 víctimas y de otras causas. Cuando tienen que controlar, no controlan. Cuando tienen que invertir subsidios, no invierten. Entonces se están robando ese dinero, junto con nuestra seguridad. Los funcionarios ocupan cargos para velar por nuestra integridad física, por nuestros recursos, y no lo hacen. Porque están convencidos de que no va a haber consecuencias. El caso de Mariano, como Cromagnon o la tragedia de Once necesitan de la justicia para que el país confíe en que se puede tener una Argentina mejor. El que roba y corrompe tiene que ser condenado. Cuando eso suceda, el próximo en ocupar un cargo sabrá que, si no cumple, habrá consecuencias.

-La tragedia de Once y el crimen de Mariano han despertado una gran movilización popular, de los más variados sectores. Inclusive, han puesto de manifiesto la trama mafiosa de la burocracia sindical y el Estado ¿Cree que la presión social obligó al poder político a tomar una posición?

-La presión social es un hecho fundamental, en estas y en cualquier causa donde se reclama justicia. Es la muestra de que la población está atenta, en principio, a que la ley es para todos: no importa el apellido, o la posición económica o política. No quisiera creer que la política influye en la toma de decisiones judiciales. La justicia tiene que ser independiente, con capacidad de enjuiciar a cualquier político.

-Los familiares de la tragedia han hecho hincapié en que no se pierda de vista la responsabilidad, inclusive, de quienes cumplían tareas operativas o de base cuando sucedió la tragedia ¿por qué?

-La responsabilidad es de todos los imputados, el grado puede diferir de uno a otro. Nosotros, los papás de Lucas, consideramos que el maquinista es una parte responsable. No le cabe la misma responsabilidad que el que se robó millones y millones de pesos. Pero le cabe la responsabilidad de haberle dado a la tragedia un día y una hora. El no es responsable del no mantenimiento de los trenes, de que no hubiera un parachoques en Once, no es responsable de subir ocho personas por metro cuadrado en una formación, no es responsable de los años de antigüedad de las formaciones. Pero fue el que chocó el tren. Consideramos que todos los imputados son responsables, por eso apelamos el sobreseimiento de Eduardo Sícaro, ex interventor de al Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT). El, por ser quien estaba a cargo del material rodante, tenía que conocer las condiciones, y tiene que ser procesado por incumplimiento de los deberes de funcionario público y abuso de autoridad. Cualquier persona que con su accionar hubiese podido evitar la tragedia, hoy es responsable.

-Lucas era artista y su barricada eran los escenarios, la poesía. De hecho, hay videos donde se lo ve tocando en el Sarmiento. En sus letras se percibe un espíritu comprometido ¿Cuándo se pierde a alguien así, el compromiso es doble?

-Yo creo que es parte de la misión de Lucas. No creo en las casualidades. El era un tipo que, ante todo, iba por la justicia. Se sacaba con los actos de injusticia, desde chiquito. Creo que haber terminado su vida en un hecho tan tremendo, nos marcó a todos el camino. Nos puso en la obligación de luchar. Cada marcha, cada paso que damos, también lo da Lucas.

Moreno-Once. El sol se esconde por los últimos árboles a la vista, antes de entrar de nuevo a la urbe. El naranja del atardecer se mete por las ventanas que no están, por las puertas que no funcionan. Ocho personas por metro cuadrado, todas firman la misma sentencia, cada vez que suben al tren. Antes, entre el bullicio constante y el sonido de las cervezas vacías que vuelan desde el tren y se estrellan al costado de los rieles, había un silencio. Pero ya no. Hoy, cuando un pasajero calla, deja lugar a la voz de los muertos. Y Lucas, canta: “Se fueron de a uno, un montón/No podías pedirle a nadie un favor/ Te faltan caras que pintar y una cocina para almorzar/ ¡Que desperdicio de vida, que paciencia boluda la mía! / Siempre miro cómo pasan los días y seguís igual/ ¡Sáquennos las botellas por favor, esperamos un toco, chabón!”

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