Día 30: Identifican a Sánchez como otro de los tiradores

Un testigo protegido declaró hoy que vio a Gabriel “Payaso” Sánchez disparar más de cinco veces contra los ferroviarios tercerizados y militantes políticos del Partido Obrero y otras agrupaciones, en la jornada del 20/10/2010 en la que fue asesinado Mariano Ferreyra y fueron heridos Elsa Rodríguez y otros dos compañeros. Se trata de Ramón Diego Cardías, empleado tercerizado del ferrocarril Roca, quien aseguró que vio a Sánchez disparar y que, de inmediato, vio a Ferreyra desplomarse con un balazo en el vientre.

 

Cardías, así, dio una descripción física del tirador que vio que se asemeja con el “Payaso” Sánchez. De esta manera, por primera vez el ferroviario y barrabrava de Racing queda comprometido con una declaración, según indicaron fuentes judiciales. “Es la primera identificación tan precisa del agresor cuya apariencia es la de Sánchez”, expresaron desde la querella. El testigo también declaró que vio a otra persona disparar el día de los hechos, aunque no ofreció detalles que permitan identificarlo.

 

“La persona que estaba tirando tenía una gorra negra, remera gris con Bob Marley, pantalón de jean y zapatillas. Vi a Gabriel Sánchez disparando a Mariano. Ellos se fueron corriendo después que cayó Mariano y pasaron por al lado de la Policía sin detenerlos, y nosotros fuimos y le preguntamos a la Policía por qué no los detuvieron, pero no dijeron nada”, aseguró Cardías.

 

Sobre el otro tirador agregó: “Había otra persona en el medio haciendo disparos con camisa blanca mangas cortas, pero no lo vi bien, estaba alejado en el medio de la calle”.

 

Sánchez y Christian “Harry” Favale son los barrabravas acusados de ser autores materiales del crimen de Mariano Ferreyra, y que integraban la patota criminal que actuó, según se desprende de las investigaciones, para defender los intereses políticos y económicos del sindicato de la Unión Ferroviaria, en connivencia con el gobierno nacional. José Pedraza, titular de este gremio, está sentado en el banquillo de los acusados por la presión ejercida desde la lucha popular, como así también su segundo Juan Carlos el “Gallego” Fernández y otras decenas de ferroviarios y policías.

 

Es preciso recordar que el 20 de octubre de 2010, minutos antes del crimen y tras el primer ataque de la patota en las vías contra los tercerizados y militantes, a los miembros de la UF se les sumó un grupo de choque compuesto entre siete y doce personas, integrado, entre otros, por los barrabravas “Harry” Favale -que buscaba entrar a trabajar en la UF- y el “Payaso” Sánchez. Y que tanto Favale como Sánchez habían estado en los hechos ocurridos el 6 de septiembre de 2010 en el hall de la estación de Constitución cuando un grupo de tercerizados quiso realizar un acto y fue desalojado por miembros de la UF.

 

Favale también participó del acto de Cristina Fernández con la cúpula de la CGT en River por el Día de la Lealtad, cinco días antes del crimen. El barrabrava, que ya fue marcado por varios testigos en el juicio como uno de los disparadores, estaba ligado a dirigentes kirchneristas del conurbano bonaerense.

 

Tanto Favale como Sánchez representan la articulación criminal entre la burocracia sindical y los barrabravas, ambos cimientos de la estructura del gobierno nacional y popular que no sólo reprime con las fuerzas de choque regulares de su gobierno, es decir Gendarmería, la bonaerense y la Federal; sino que terceriza la represión a través de la dialéctica burócrata sindical-barras, y que busca ocultar de este modo su naturaleza represiva en el marco de la construcción de un relato pro-derechos humanos. No son datos menores: esta estructura revela que los barrabravas no actuaron solos -teoría que impulsan las defensas de Pedraza y Fernández para despegarlos-, sino que lo hicieron en consecuencia a un tipo de modelo de negocios y poder de la UF amparado por el Estado.

 

El abogado del “Payaso” Sánchez, Gustavo D’Elía, intentó por otra parte pedir el falso testimonio del testigo, porque sostuvo que cuando Cardías declaró durante la investigación del crimen no dijo nada de lo que sostuvo en la audiencia de hoy. Sin embargo, Cardías explicó que no había dicho nada  porque tenía “mucho miedo”, ya que había recibido amenazas. “Recibí muchas amenazas antes de declarar”, precisó. No es el primer testigo en recibir amenazas, que llevó a su máxima expresión criminal cuando secuestraron hace unos días a Alfonso Severo. Esto reveló la búsqueda activa de impunidad por parte de la burocracia, pero que desnuda además su vigencia en sintonía fina con la falta de voluntad política del cristinismo para desarmarla, a dos años del crimen de Mariano.

Otro testigo protegido también había involucrado a Sánchez cuando el seis de septiembre pasado declaró que le dijo que iba a la marcha armado. “Hoy traje el ‘muñeco'”, habría dicho Sánchez y sentencio por qué iba armado: “Por las dudas, de alguna manera me tengo que ir”.

 

El ataque y los disparos

 

Cardías contó que tras el primer ataque de la patota en las vías del tren, se retiraron e hicieron una asamblea para elegir quién denunciaba la “patoteada”. Dijo que lo eligieron a él y que por eso ofreció una nota en el lugar para el canal C5N.

 

Así relató esos minutos: “Cuando estoy haciendo la nota ellos se reagruparon y un compañero me dice: ‘Diego, dale porque se nos vienen’. Los patrulleros se abrieron y los dejaron pasar: lo primero que hicimos es mandar atrás a las mujeres y a los chicos, hicimos un vallado, 25 hombres y 5 mujeres para que no lastimen a las compañeras mayores, estábamos a cuatro cuadras del puente Bosch. Un muchacho del Polo Obrero sacó de un bolso negro palos para defendernos de la patota, pero nosotros dijimos de no llevar nada; ellos llevaron igual”.

 

“Y ahí fue que encabezados por Sánchez, Arias y González se vinieron con todo, ellos manejaban la patota hasta que llegaron al choque con nosotros, hasta estar cara a cara. Se agarraron a los palazos, ellos venían tirando piedras, yo tenía un palo en mi mano pero no lo use; viene un compañero y me saca el palo; ellos se separaron y uno se cruza: se pone atrás de un árbol y se empiezan a escuchar disparos. Ahí se cruzó Mariano, él estaba ahí nomás mío: cuando Mariano se cruza delante de mí la persona que estaba atrás del árbol empieza a los tiros y le da a Mariano en el estómago. Se escucharon varios disparos, más de cinco. Fue el único momento que escucho disparos, durante diez minutos se escucharon disparos”, agregó.

 

Cardías explicó que se defendieron de los piedrazos y golpes. Dijo que hasta las mujeres pelearon cuerpo a cuerpo. Dijo que eran 30 peleando contra 200 de la patota criminal.

 

Las salidas de la patota y Favale

 

Hoy también declaró Juan Manuel Cassarino, ingeniero en electricidad, quien cuando ocurrieron los hechos era jefe de los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada. “El 20 de octubre un grupo de trabajadores se retiró del establecimiento. Me enteré por los delegados que iban a una marcha por unos cortes de vía que ellos no avalaban, porque afectaban su imagen y la gente se las agarraba con ellos”, expresó. El testigo sostuvo que “se fueron entre 30 y 40 personas”, pero que “no dieron ningún permiso de salida (…). Cuando la gente volvió comenzó a correr el rumor de que había habido problemas y que hubo un fallecido”, agregó el ingeniero.

 

Es importante señalar que, según las investigaciones, la patota que atacó a los tercerizados y militantes provenía, en su mayoría, de los talleres de Remedios de Escalada, en Lanús, desde donde habrían salido unas 80 personas. Una de las sospechas es que los integrantes de la patota de la UF salía sin permiso de sus puestos de trabajo ante cualquier llamado del gremio para participar de marchas. El testigo afirmó que en otras oportunidades también se fueron de sus puestos de trabajo a actos o marchas.

 

Relató además que un día antes del crimen de Mariano le tomó una entrevista laboral a Favale para un puesto en el área de material rodante, pero que no se lo contrató porque “no estaba apto” para el cargo que se buscaba. “Él (Favale) dijo que tenía experiencia como técnico en compresores de amoníaco porque había trabajado en un frigorífico de Florencio Varela y nosotros buscábamos un mecánico de neumática. Por eso no estaba apto”, detalló.

 

Cassarino relató que un día después del crimen los delegados le pidieron permiso para realizar una asamblea informativa en el comedor. “Había un ambiente alterado por todo lo que había pasado, querían tranquilizar al personal”, completó el ingeniero.

 

Otros de los testigos que declararon fueron Margarita Victoria Bertín (jefe de selección de personal de Ugofe desde 2007, y Carolina Carsetti, Secretaria Administrativa de UGOFE en el ROCA. Esta última expresó: “El 20 de octubre me avisaron que salía un grupo grande que no fichaban porque eran muchos, que era por un corte de vías”. Y agregó que esa información, que figuraba en un manuscrito, se la alcanzaron delegados, entre ellos Amuchástegui.

 

Carsetti dijo que le avisaban si iban a algún acto, para que ella pudiera cargar los datos. ¿Cuál es la finalidad de enviar ese mail?, le preguntaron. Ella sostuvo: “Después Recursos Humanos es el autoriza, descuenta o no descuenta”.

 

La secretaría de Transporte y el pase a planta permanente

 

Oscar Alberto Ces, jefe de contrato de Ugofe, sostuvo a su turno ante el tribunal que él firmó una nota el día anterior al crimen alertando sobre el corte de vías. “La situación era un off de record que iba a pasar lo que pasó, y en función de eso se elevó la nota a la  Secretaría de Transporte, pero no hubo respuesta”. Por su parte, Hugo Alberto Cisneros, trabajador en limpieza en el Roca, afirmó que cuando consultó sobre la posibilidad de pasar a planta permanente “nos decían que en ese momento no se podía; en general le preguntábamos a (el “Gallego”) Fernandez, pero contestaban inmediatamente, sin debate alguno, que no se podía”.

 

-¿Por qué quería pasar a planta permanente? -le consultaron.
 Por una cuestión económica y de estabilidad laboral.

Las declaraciones de la jornada 30 del juicio ponen de manifiesto, una vez más, los armados de los barrabravas con la burocracia de los sindicatos, desde donde se desprenden los nombres de Favale y Sánchez, como posibles autores materiales del crimen de Mariano. Pero en este escenario se plantea además, y fundamentalmente, la radiografía de la tercerización de la represión estatal, ya que desde esta estructura enquistada se investiga la autoría intelectual del asesinato en la articulación del pedracismo y el kirchnerismo.

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