Día 29: “Bajen, no sean cagones”

-El señor Pablo Díaz se altera. Yo escucho que dice: “Me cortás las vías y te cago a tiros”.

La vehemencia de la amenaza resonó en el las paredes de la sala en Comodoro Py, donde el Tribunal Oral en lo Criminal N°21 juzga a José Pedraza y otros por el asesinato de Mariano Ferreyra y la lesión de otros compañeros. Marcelo González, trabajador de los talleres de Remedios de Escalada que participó de la patota asesina en Barracas, juntó valor y prosiguió su relato. Arrepentido y emocionado, contó su verdad.  

Primero describió la forma en que fue reclutado en el taller de Remedios de Escalada por Toreta –delegado- que cumplió el ritual de siempre: anotar en una planilla con una cruz a los que iban a “hacer acto de presencia”. Fuera en River, en una manifestación o en Avellaneda. Dijo que eran 50 y que fueron en tren hasta Avellaneda. Que al bajar vieron a algunos pocos del PO con carteles.

Caminó junto a sus compañeros hasta encontrarse con otros ferroviarios –y otros desconocidos- en el andén. Allí estuvo, yendo y viniendo, hasta que un compañero lo convocó a instancias de Pablo Díaz “para hablar con los del PO que estaban abajo”.

Luego relató las amenazas. “Si me cortan las vías los cago a tiros”, dijo que dijo Díaz.

El relato de González es nítido y preciso. Describe el retorno de los manifestantes del PO y dice que estaban tranquilos, que se retiraban. Que ellos los seguían por el terraplén. Unos abajo, otros arriba. Ahí, ante los gritos de un compañero que aseguraba que el PO quería subir a las vías se armó “una batalla”. Piedras y bulones, dijo. Luego remarcó que no los vio, pero que eso le dijeron. Pero que luego sí participó en “el intercambio de piedras”. Luego el PO se va, y González sigue con los suyos arriba. Los manifestantes ya están a dos cuadras y despliegan una bandera grande. Los ferroviarios –a instancias de Díaz- deciden correrlos.

-Para nosotros iba a ser un acto de presencia, y bueno, después pasó lo que pasó –se lamenta González.

“Abajo estaba Pablo Díaz. Nos empezó a decir que bajemos. Toreta nos decía que no, que no bajemos, porque supuestamente la idea nuestra era que no bajemos. Que teníamos que impedir que corten las vías y lo habíamos logrado, Pablo Díaz decía que bajemos, que no fuéramos cagones”, relató el testigo. Y, claro, bajó.

González describió que entre los desconocidos estaba Cristian Favale, a quien sí conocía porque habían ido antes a Ruver y estaba pegado a Díaz. “Decían los compañeros el loco ese es el custodio de Pablo Díaz”, advirtió.

Favale llegó con otros y pensaron que eran del PO porque no los reconocían. Pero González reconoció a Favale y supieron que era gente de ellos. Y Díaz que les decía que bajaran. Que no fueran cagones.

-Casi todos bajaron. Estuvimos un rato y empezamos a correrlos.

La corrida duró unos minutos porque “estaban lejos”. En el medio “pasó lo de la periodista” (por la amenaza para que no filmara), relató el testigo: “Cuando veo la cámara yo me tiro para el lado izquierdo porque no quería que me filmen”. Después de la corrida –dice González- los del PO estaban con palos cubriendo la retirada. Él se asustó y se fue tras un árbol, y vio una persona arrodillada al lado, que empezó a disparar.

-Escucho pa pa pa pa. Varios tiros. Era Favale –dijo González, señalándolo- no me olvido más. Ahí salí corriendo, pero antes de salir corriendo, la última mirada, veo a los chicos del Partido Obrero y lo veo patente. Veo que un pibe se agarra la panza y se desploma. Después me entero que el chico este, me imagino, que el chico que murió era Mariano

Luego relató el regreso. Tuvo algún insulto para Favale –“el loco de mierda ese”- que puede presumirse como el intento por inculpar al “loco suelto”. Y siguió relatando su congoja y arrepentimiento. A veces sincero, a veces forzado: “Todos sabíamos lo que había pasado, pero yo no caí”.

Pero faltaba lo más importante. Cuando vio a Favale y Díaz hablando: “Escucho que Pablo Díaz le dijo loco te dije que traigas los fierros. Y Favale le dice a Pablo Díaz: ‘No viste que le di en la panza. No viste que le di en la panza’. Y yo estaba atrás de él. Lo pasé de largo. Tomé gaseosa y me fui a la estación Yrigoyen. Y me fui solo. Me fui a tomar el tren”.

González osciló entre disculpar e inculpar a diferentes miembros de la patota, pero tuvo una clara referencia a la policía. Describió –desde otro punto de vista- que dispararon balas de goma a los manifestantes pacíficos. Luego, ya inmerso en el relato, desnudó el plan criminal: “Cuando nosotros bajamos del andén, digamos que cruzamos las vías para ir para el lado que venían los chicos del PO, estaban hablando Pablo Díaz y un señor alto de traje oscuro, que le dice: “si tenés que hacer algo hacelo ahora”.

La actitud de los delegados no solo fue a trasmano de la representación sindical, sino que dejaron en banda a su propia patota. González, entre conmocionado y enojado, describió que “al otro día en el trabajo era un silencio total. La gente estaba… no decía nada. Se comentaba lo que había pasado. Se buscaba a los delegados y no había ni uno, ni uno. Así una semana. Nadie hablaba, estaban todos tristes”.

Al turno e la defensa para preguntar, la punta de lanza fue la defensora de Favale, Hegglin, que quiso saber por qué el testigo pasó seis meses hasta su primera declaración en la causa.

La respuesta fue sencilla: “Porque tenía miedo. Yo tengo familia. Tengo dos hijos, tengo miedo. Me costó mucho tiempo tomar el valor para ir a declarar. Yo siempre tuve miedo. Soy gente de bien, no soy un asesino, ¿me entiende?”

Los otros testimonios

Antes que González declaró el policía Eduardo Hein, que estaba de servicio en una garita en el Puente Bosch, y relató cómo fue el pasaje pacífico de los manifestantes, de provincia a capital. Remarcó que estaba sólo en ese puesto y no aportó mucho. Aclaró que había policía bonaerense hasta el puente y federal del otro lado. Y vio la lluvia de piedras que propinaron “los de arriba” a los manifestantes.

Fue una muestra de, o bien, silencio corporativo, o bien, ignorancia extrema, rayana con la inoperancia del efectivo policial. Luego llegaría el testimonio de dos testigos propuestos por la querella del CELS: el secretario de la CTA yaskista Victorino Paulon y el ingeniero ferroviario y miembro de la ONG “Salvemos al tren”, Norberto Rosendo.

Paulon describió el proceso por el cual en la década del ’90 se produjo un vaciamiento del sistema ferroviario y los consecuentes despidos en masa, que derivó en el surgimiento de la tercerización. Es allí, según dijo, que se introdujo el sindicalismo empresario que “abandonó la representación de los trabajadores, enfrentó el reclamo de los tercerizados y era conducido por José Pedraza”. Ante la pregunta de la querella de que perjuicios podía acarrear el ingreso del personal tercerizado a planta para la UF, Paulon fue claro: “son motivos económicos”. Por su parte, Norberto Rosendo narró el proceso de tercerizaciones y la diferencia que implicaba entre los subsidios que asignaba el Estado por los trabajadores y los salarios –inferiores- que recibían los mismos a través de las cooperativas y empresas tercerizadas. Refirió que el problema de la tercerización es recurrente en el ferrocarril y detalló su vasta experiencia, dado que comenzó a trabajar en el ferrocarril hacia la década del ’70, aún antes de ser ingeniero y siendo entonces delegado de a UF.

Ante la insistencia de Freeland para que reconociera la facultad de la UF para desarrollar cooperativas y la propia cooperativa en la que el testigo trabajara y formara ante las privatizaciones –para sostener un ramal ferroviario-, Rosendo fue tajante: “La diferencia entre las cooperativas nuestras y las otras –como la de Unión del Mercosur- es que en ese caso no se trata de asociación de gente libre sino que es la cooperativa la que los asocia y les birla sus derechos”.

En un rapto de picardía Froment -defensor de Pedraza- quiso saber quién de Unión del Mercosur fue el que denunció y le contó a la ONG de Rosendo sobre los dislates de la UF, pero el testigo –rápido de reflejos- le advirtió que no podría darle esos datos (para salvaguardar a los trabajadores de posibles represalias).

Dada la experiencia del testigo, Freeland quiso buscar un salvataje excéntrico evocando los sistemas ferroviarios de España, EEUU e Inglaterra, preguntando si es que el testigo sabía de la existencia de tercerizados en estos países. El testigo asintió en algunos casos, pero desasnó al abogado, que intentó una fallida chicana a la militancia “comunista” diciendo que no preguntaba por Cuba, dado que no tenía trenes. Oscar Jalil, abogado de Correpi se despachó a gusto y le espetó: “Cuba tiene trenes, lo que no tiene es trabajadores tercerizados”.

El tribunal pidió silencio.

Para el final quedó la extensa declaración de Edgardo Reynoso. El delegado gremial del sector de Guardas de la Línea Sarmiento –ex TBA, actual UGOMS- y dirigente de la Lista Bordó –y de Izquierda Socialista- expresó en detalle y con gran dominio la forma en que las tercerizaciones hacen mella en los derechos y beneficios de los trabajadores ferroviarios que están bajo otros convenios y con igual trabajo. Además, narró el proceso mediante el cual ante el desguace ferroviario, la UF pedracista no sólo fue cómplice, sino que se enriqueció y hasta permitió el reemplazo del Convenio Único de Trabajo que, en 1995, quedó en desuso permitiendo que se firmaran convenios por línea “a la baja”. Es decir, convenios vigentes hoy en día que tienen notables pérdidas de beneficios en relación al convenio que regía entre 1975 y 1995.

Reynoso, que está en TBA desde el 2000 y en los ferrocarriles desde fines de los ’70, es además miembro de la Comisión de Reclamos del Sarmiento y en ese rol pudo conocer y solidarizarse con los reclamos de tercerizados del Roca. Y explicó que el pedracismo se negaba a “efectuar medidas concretas por los tercerizados” debido a que había sido el sindicato el impulsor de la tercerización.

-¿Usted dice que el sindicato se benefició con la tercerización, pero sabe si el señor Pedraza tuvo beneficio personal? –inquirió Froment.

-No sé si tuvo beneficio personal, pero no conozco a ningún trabajador ferroviario con un departamento en Puerto Madero y una mansión en Parque Leloir –razonó Reynoso.

También describió el manejo de la UF sobre la cooperativa tercerizada y el Belgrano Cargas.

Luego llegó el turno de responder sobre su conocimiento del estatuto del gremio y el sistema político, a lo que Reynoso graficó con creces las limitaciones que existen para la presentación de listas a nivel nacional. La obsesión de Freeland por estas cuestiones muestra a las claras que intenta hacer pasar a los manifestantes y opositores como simples “malos perdedores” que no toleran las reglas. Olvida –a propósito y aun cuando los testigos se lo remarcan- que el estatuto que tanto reivindica en su actuación es producto de un secretariado nacional verde que jamás fue disputado por la oposición. Es decir, el estatuto hecho por la verde dice que es legítimo el triunfo de la verde. Para acabar la parodia, solo resta que Freeland aduzca que en ninguna parte del estatuto se menciona proscripción alguna.

También hizo que se le mostraran al testigo notas en las que la UF pedía por los tercerizados, pero volvió a quedar en evidencia cuando los abogados de la querella demostraron que dichas notas son precedentes a la existencia de UGOFE y los negociados con la Cooperativa Unión del Mercosur –en el caso del pase a planta- y que las posteriores solo hablan de equiparación salarial. De todas formas, como dijeron los testigos: la UF puede hacer muchas notas, pero nunca llevó una acción de protesta en reclamo por esos trabajadores tercerizados.

Antes de que finalizara la audiencia, Freeland tuvo la posibilidad de hacer una vez más el ridículo en su teoría de dos demonios: “¿Recuerda, Reynoso, algún hecho de violencia por parte del PO, o estas que se hacen llamar organizaciones sociales?”. La negativa rotunda de Reynoso fue una declaración de principios y dio por finalizada la jornada. La defensa se va quedando sin argumentos ni testigos que ratifiquen sus estrategias.

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