Día 25: Testimonios de dos luchadoras y un gerente que no sabe nada

“Íbamos  corriendo las tres de la mano. Primero sentí que mi ex suegra se soltaba y después que lo hacía Elsa. Me escondí detrás de un árbol porque nos atacaban. Pero enseguida volví, retrocedí, porque me agarró la desesperación porque no encontraba a mi ex suegra. En eso vi a Elsa tirada en el suelo. Cuando la dimos vuelta, nos dimos cuenta que tenía un balazo en la cabeza. Ahí me di cuenta que el ruido que había escuchado cerca de mi oído era la bala que le había dado a Elsa”, comenzó su relato Verónica Viviana Silva, trabajadora y militante del Polo Obrero que estuvo presente en la manifestación de aquél 20 de octubre de 2010. 

Y prosiguió: “Enseguida vi caído a Mariano y a otro compañero que tenía un balazo en la pierna. Me acerqué a Mariano, con él había otros compañeros, quise hacer una llamada a mi ex marido porque no podía ubicar a mi suegra, se me saltó la cámara del celular y alguien me dijo ´filmalo´, sin saber todavía la gravedad de lo que le estaba pasando”.
Luego, con serenidad y precisión, describió el detalle de los ataques sufridos y despejó las “dudas” de la defensa acerca de supuestos enfrentamientos “buscados”.
“Cuando los que nos atacaron comenzaron a insultarnos desde arriba de las vías y a tirarnos piedras se dijo que no respondiéramos con insultos, que no nos prestáramos a una provocación, que sólo cantáramos las consignas por los tercerizados. Nosotros no fuimos al choque, sólo queríamos cortar las vías para reclamar por los trabajadores tercerizados”.
“Cuando pasamos el puente, la policía pasó también el puente, y empezó a tirar. No sé si eran balas de goma o no, porque en la desesperación de las corridas no me puede dar cuenta. Cuando bajé con mi ex suegra, me metí en una especie de garita, junto con la señora Elsa, a la que lastimaron en un brazo. Las dos son señoras grandes como muchos de los que iban en la movilización. Nos sacó de allí un hombre que es del Polo. Ahí es donde decidimos en el Polo Obrero que nos fuéramos porque nos estaban lastimando. A mí no me alcanzó ninguna piedra ni nada, pero había gente grande lastimada. Una de ellas era mi  ex suegra, que tenía lastimada la cabeza y le  salía mucha sangre.
Ya habíamos descansado, y curado a los lastimados, y un hombre que es del Polo nos dijo que nos fuéramos. Ahí sentimos gritos. Venían como caballos. Entonces vimos a un móvil policial. Estaba colocado del mismo lado que estaban los que venían a atacarnos. Luego apareció el otro móvil. Los policías que llegaron hablaron con los del primero, dieron la vuelta y se fueron por donde vinieron. Entonces quedó libre el camino para que nos vinieran a atacar”.
-¿En ese transcurso de todo esto intervino la policía? -preguntó la fiscal.
-No.
Así de contundentes fueron las declaraciones realizadas hoy en la audiencia por  Silva, sumándose a los múltiples testigos que desnudaron el papel de la patota de la Unión Ferroviaria en el asesinato de Mariano y la connivencia de la policía.
Luego fue el turno de la compañera Nancy Isabel Arancibia Jaramillo. También militante del Polo Obrero y participante de la manifestación. Sus declaraciones muestran, además del accionar de la patota y la policía, la entereza, el valor de esta compañera que estaba al lado de Mariano cuando lo balearon.
“Cuando vimos un hueco quisimos subir a las vías. Sólo llegaron dos compañeros. Los cascotearon tanto que los dejaron todos sangrados. Retrocedimos. Llegamos a una esquina y un compañero dejó el bombo. Yo lo agarré y empecé a tocarlo. Ahí me dieron un piedrazo en la cabeza. Me sangraba mucho. A Elsa ya le habían herido el brazo. Los compañeros me querían llevar al hospital y yo les dije que no, no me iba a ir, que me quedaba con ellos.
En ese momento llegaron patrulleros, se bajaron los policías y comenzaron a tirarnos. Yo creo que eran balas de verdad porque ví fuego que salía de las armas. Nosotros no teníamos armas. Estábamos con termos y mates. No era como para que nos trataran como animales. Nos empezamos a ir. Fuimos hasta una parrillita y esperamos porque tenían que llegar unos periodistas de C5N (los compañeros Gabriela Carchak y el camarógrafo que filmó el ataque de la patota). Ahí vi que los tipos estaban viniendo. Eran muchos. Les dije a los periodistas: no apaguen la cámara que nos van a matar.
Entre los que venían había ferroviarios y civiles. Me acuerdo del que tenía el cuello ortopédico. Nos apuramos para salir hacia Velez Sarsfield. En eso veo que Mariano retrocede, lo llamo y no me contesta, se agarra la barriga y se apoya en la pared y comienza a caerse despacito. Creí que estaba mal por lo que estaba pasando. No me daba cuenta que tenía una bala adentro”.
La compañera no resistió el recuerdo y rompió a llorar. La audiencia entró en un cuarto intermedio para que se repusiera. Luego, algo más repuesta, siguió su declaración. 
“Ellos (la patota) querían matarnos. Eran como animales. No paraban. Estaban enloquecidos. No sé si estaban borrachos o drogados. Elsa ya estaba en el suelo, herida. Otro compañero –Nelson- también.
Un rato después volvieron los periodistas y yo les dije: ‘¿Vieron que nos querían matar?'”
-¿No considera que subir a las vías era una provocación? -inquirió Freeland (abogado del “gallego” Fernández, el segundo de Pedraza)
-¿Por qué? -repreguntó Nancy- ¿Una provocación a quien?
-A los que estaban arriba.
-Si ellos no estaban allí. Vinieron a apedrearnos.
 El defensor pidió un receso para hacer un alegato contra los militantes del Polo Obrero: “Me pregunto cómo esta gente del PO anda por la vida haciendo cosas ilegales como si fueran normales, no como nosotros. Lo aprenderán en algún manual. ¿Por qué yo o cualquier hombre de bien no puede cortar las vías y ellos sí?
La respuesta de María del Carmen Verdú (abogada de la querella por Correpi) no se hizo esperar: “Señor Freeland, se está instruyendo un caso de homicidio y dos tentativas de homicidio y no sus consideraciones sobre la vida de cada uno. Pero, además, si lo quiere le puedo pasar una enorme jurisprudencia contraria a lo que usted sostiene”.
Fin del tema.
La tercera testigo fue Andrea Noemí de Yulis, ex esposa de un ferroviario con muchos conocimientos de las actividades de la conducción y de varios de los integrantes de la patota. Vive en un complejo de casas para ferroviarios, lindero al sector de Encomiendas en Constitución -señalado como uno de los sitios donde se escondían armas y practicaban tiro-. De sus declaraciones surge la podredumbre de la burocracia y el carácter de grupos armados contra los trabajadores y por la defensa de sus negocios.
“Reconocí a Alejandro Benítez por las imágenes de la televisión. Es de la lista Verde, de Pedraza. Estaba al frente del grupo de los que atacaron a los tercerizados y a los del PO. Es un ex boxeador que trabaja en el ferrocarril. También está a cargo de un gimnasio donde se practica boxeo que está en dependencias del ferrocarril, en Constitución. También estaba un tal González, que llevaba un cuello ortopédico. A Benítez lo conozco porque hasta hace 5 o 6 años era vecino mío.
Tengo conocimiento de gente que guarda armas adentro de la empresa. Hubo rumores de que esa gente fue la que guardaba las armas. Que son las que usaron para este hecho. Que estaban escondidas en la parte de encomiendas y en el gimnasio.
A Favale yo lo vi dos o tres veces, dentro del gimnasio. Después lo reconocí. Creo que vestía una camiseta de la Argentina. Lo vi con un grupo de gente en Encomiendas. Lo habré visto 10 días antes, 20 días antes de lo que pasó con Mariano Ferreyra. Lo vi con un grupo de gente que trabaja ahí en la empresa. Bueno, “trabaja” entre comillas”.
-¿Quién le dijo lo de las armas? -quiso saber la fiscalía.
-Hay muchas cosas que uno se entera. Por gente que trabaja en la empresa. Lo que pasa es que yo no puedo comprometer a gente que tiene miedo -explicó la testigo.
Luego sí, extendió su relato y contó los pasos seguidos desde que tomó conocimiento de los hechos. También dio varios nombres que coinciden con varios dados por Alfonso Severo en sus declaraciones en la instrucción previa.  
Yo hice una denuncia por actos de violencia y vandalismo hace unos tres años que involucraba a Giarini, que en ese momento era administrador de la empresa Ferrobaires, al subadministrador Dibuono, a Beto Saldaña, a Héctor Carruega, creo que a Barreto, yerno de Carruega y también a dos o tres de los hijos de él, y no me acuerdo a qué otras personas.
Carruega, cuando me amenazó, me dijo que él respondía a Trezza –ex administrador de Ferrobaires pero que dicen que sigue manejando todo- a Giarini y a Debouno, como que eran mandados por ellos en su momento a hacer actos de vandalismo, a sacar a gente de ferroviarios, a punta de pistola, con amenazas de muerte.
Muqueño es un vecino mío. Dicen que en su casa había armas guardadas. Cuando fue la Gendarmería a hacer el allanamiento no sabían donde quedaba la casa. Estuvieron buscando. Me preguntaron y yo los llevé hasta la casa, pero les dije: no creo que haya nada. Las armas la sacaron anoche”, concluyó el contundente testimonio.
El último testigo fue Guillermo Augusto Harvey, responsable de Recursos Humanos de Ferrobaires, hoy suspendido por “errores en la liquidación de impuestos en los salarios” hace ocho meses. Tenía una relación “laboral” con el Gallego Fernández.
Pese a su cargo, Harvey no conoce muchas cosas de su área. O dice que no las conoce.
Fiscal:- ¿La empresa tercerizaba algún tipo de tareas?
-No que yo sepa. Que me hayan facultado a mí, que yo haya tenido conocimiento de eso, no.
No le constaba que Fernández consultara nada con Pedraza, ni que hubiera rumores de que había armas en la empresa, ni de que hubiera habido disturbios en los cuales estuvieran involucrados miembros de la Unión Ferroviaria.
Si reconoció, por fin que, aun hoy, el 50% del personal de Ferrobaires es contratado, y no efectivo.Fue un claro testimonio en favor del líder de la UF.
Más que nunca, la movilización popular y el seguimiento del juicio por parte de la opinión pública serán las herramientas que garanticen la condena a los responsables del crimen político contra la clase obrera que significó el asesinato de Mariano. El jueves cotinuarán las audiencias. Freeland pidió que se le realizaran exámenes psíquicos a Alfonso Severo previo a su declaración. No conforme con descreer de las amenazas a testigos, ahora presume que el secuestrado ex gerente de Ferrobaires no está apto para declarar. Como se dice en el barrio, están hasta las manos. 
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