Día 24: “Las amenazas ridículas”

Con esa expresión respondió Alejandro Freeland –abogado de Juan Carlos Fernández- cuando el martes la querella advirtió que José “Cacho” Andino –militante del MTR que declaró finalmente en la jornada de hoy- había sido amenazado.

-La cantidad de denuncia de amenazas ya es ridículo –se quejó el abogado ante el tribunal, en una provocación evidente.

Las palabras flotaron todo el día en la audiencia número veinticuatro del juicio por Mariano Ferreyra, porque a pocos minutos de comenzar la jornada se supo públicamente de la desaparición de Alfonso Severo, un ex trabajador ferroviario llamado a declarar para el día. Las amenazas habían tenido éxito. Severo es un ex miembro de la Lista Verde de la Unión Ferroviaria y amplio conocedor de las maniobras mafiosas  espurias de la patota y el sindicato, de los imputados y los que aún no están en el banquillo. Ya había declarado en la instrucción que sabía de la organización previa del ataque criminal, de la existencia de negociados que defender, del rol de cada uno de los imputados, así como de la existencia de guardería de armas en diferentes talleres e instalaciones de la Línea General Roca.

Severo salió anoche de su casa y no se supo más de él. Estaba citado a declarar hoy a las 12, pero no apareció. El Tribunal, las querellas y el público estuvieron atentos y en abierta tensión. Informaron del avance la investigación. Mostraron su preocupación. Hoy apareció su auto a siete cuadras de la casa, en Avellaneda. Él aun no aparece.

El testigo amenazado

-El lunes cuando retornaba de hacer un trámite, bajé del 148 a una cuadra de casa cuando escucho que me gritan: ‘Andino, baja la vista y vení que tenemos que hablar’. Eran dos personas en una moto roja. Me acerco y me increpan: ‘Piquetero de mierda y la re mil puta que te parió, ¿quién te dijo a vos que hablaras y que viste una escopeta? Mejor que no hables’.

La declaración de José “Cacho” Andino cobró un vigor especial ante la coyuntura. Hace pocas  horas se había conocido la desaparición de Severo. Hace dos días nomás, Andino advertía y denunciaba las amenazas y recibía una custodia las 24 horas.

En medio de semejante panorama y luego de la declaración de Osvaldo Vázquez –otro militante del MTR que explicó con detalle el ataque artero  y la defensa que realizaron con rudimentarias gomeras- Andino tomó la palabra y con valentía relató al pormenor la actitud de la patota criminal aquél 20 de octubre. En ese discurrir mencionó que Pablo Díaz dirigía la orquesta y era quien hablaba con la policía, reforzando así la noción de complicidad que tuvieron las fuerzas de seguridad.

Andino, que no pudo contener el llanto y se quebró en medio del relato, dejó una novedad clave al remarcar que existió un disparador que utilizó una escopeta para atacarlos:

-Yo vi un tipo con ropa azul de trabajo que levanta algo de la cintura y siento los disparos. Ahí nomás me tiré atrás de un auto rojo porque me asusté. Luego salgo y veo a uno con una escopeta y vuelvo asustado detrás del auto. Escucho gritos y veo un chico con convulsiones. Creímos que tenía epilepsia porque no había sangre, pero le levantamos la remera y vimos que tenía un agujero. Llamamos a la ambulancia pero nunca vino. Cuando llegó una ambulancia que pasaba por el lugar, lo subimos encima de otra compañera que estaba tirada ahí en la ambulancia. Después supe que ese chico era Mariano Ferreyra.

Andino, que debió reponerse de la emoción, explicó que oyó 5 disparos y describió a los disparadores. Al primero como un hombre de contextura mediana con ropa de trabajo y al de la escopeta como un “patovica”. Luego de responder las preguntas de una defensa inusualmente calma –apenas se sabía de la desaparición de Severo- dejó el lugar al próximo testigo. Su tarea estaba hecha y se retiró con un gendarme, que lo custodia día y noche por las amenazas recibidas.

Los únicos, los mejores, los métodos de los trabajadores

El tercer testigo no fue uno más. Ya en las últimas audiencias el juicio cobró renovado vigor al pasarse de la mera descripción del ataque de la patota a las causas que empujaron e instigaron dicho accionar “aleccionador”. En ese marco, la declaración de Leonardo Franzin –trabajador electromecánico del ferrocarril desde hace 16 años y miembro de la agrupación opositora del sindicato, Causa Ferroviaria- aportó elementos claves para identificar los negociados que escondían y ostentaban los dizque “representantes de los trabajadores” liderados por Pedraza.

“Yo entré por un cartelito que estaba en la estación Turdera y solicitaba un técnico electromecánico menor de 25 años para aprendiz. Después de tres entrevistas, recuerdo, quedé en ese puesto. Y esperé ocho años hasta que me recategorizaron”, respondió Franzin ante la pregunta de una abogada defensora que intentaba identificar su ingreso con los digitados por la Lista Verde de la UF a partir de que la empresa quedara en manos de UGOFE. Pero no hubo caso. Franzin destrabó uno y otro intento de las defensas por confundir y hacer ver al oficialismo del sindicato –el pedracismo- como una fuerza legítimamente constituida por la voluntad de los trabajadores.

Fue más allá el testimonio de Franzin, que articuló perfectamente los intereses económicos de la UF para sostener la tercerización por la que recibía subsidios estatales a través de cooperativas que pagaban la cuarta parte del salario a los tercerizados. También expresó con detenimiento la dificultad que significó poder diagramar un “corte de vías” tras siete meses de agotar instancias de mediaciones fallidas y no resolutivas del Ministerio de Trabajo, a las que la dirección del sindicato jamás acudió ni apoyó. Además, Franzin desarticuló con claridad y tono pedagógico las formas en que se conforma el entramado estatutario y electoral dentro del sindicato, mediante el cual –a través de argucias como las listas sábanas- los opositores como él quedan excluidos de la posibilidad de ser elegidos delegados.

Los abogados defensores intentaron amedrentar al testigo con preguntas confusas y reiterativas acerca de los métodos utilizados para las protestas e incluso intentando hacerlo ver como un opositor encaprichado porque los trabajadores no le prestan atención y apoyan al pedracismo. Franzin explicó, con ejemplos, solvencia y serenidad, que la mayor parte de los ingresados al ferrocarril tras la entrega de la concesión a la UGOFE no tenía calificación suficiente y se mantenía fiel a la Verde por temor y lealtad ante quien le consiguiera el puesto de trabajo. Incluso expresó que hubo aprietes y reclutamiento en el taller de Remedios de Escalada el día del ataque y que en su turno entre 90 y 120 acudieron a “reprimir a los tercerizados”, aun cuando a muchos les hubieran dicho que irían a hacer “acto de presencia como en River” (por el acto kirchnerista de unas semanas atrás). Entre los reclutadores enumeró a Claudio Alcorcel y otros delegados del taller que no están imputados: Arias, Krakowski, Amuchastegui, Suarez y Toreta. Todos ellos, según advirtió, “responden directamente a Pablo Díaz”. Solo 5 compañeros –incluido él que explicó que no acudió al corte porque nunca salió de su puesto de trabajo por una manifestación- se quedaron en el taller y recibieron a la mitad de los que salieron a su regreso. Franzin contó que algunos le comentaron escasamente lo ocurrido, pero luego de una reunión con los delegados al otro día –“a la que no me invitaron, claro”- dejaron de dirigirle la palabra incluso.

Para el final, luego de explicar en detalle el negociado de la UGOFE las cooperativas tercerizadas y la Unión Ferroviaria –supuesta titular de Cooperativa Unión del Mercosur-, le dejó una lección política, sindical y ética a Alejandro Freeland: “Un sindicato, que dice defender a los trabajadores, no puede explotarlos o beneficiarse de su trabajo siendo titular de una empresa. Incluso desde una postura ética”.

La declaración de Franzín selló la relación Estado, Unión Ferroviaria –Lista Verde- y tercerización. Remarcó los vínculos indelebles de esa triada que desató la masacre de Barracas. Y dejó en claro que las defensas, más allá de recursos de casación, nulidades, falsos testimonios y otras argucias menores y torpes, no encuentran el rumbo. Es probable que esperen a segundas instancias para dar vuelta el resultado. Es probable que se sientan perdidos. Lo único certero es que los testigos “no arrugan”, aún a pesar de que el último de la jornada, un trabajador del taller Remedios de Escalada de apellido Molina intentara borrar con el codo lo firmado en la instrucción, librando a Pablo Díaz de culpas.  Luego tuvo que desdecirse ante el “recuerdo” leído de lo que declarara en principio. Pareciera que hubiera recibido aprietes y amenazas, aunque no los haya denunciado.

Al cerrar la jornada el público y los abogados de la querella se fueron a Plaza de Mayo a exigir la aparición de Afonso Severo. Solo unas horas después se supo, a través del periodista Diego Rojas, que otro trabajador ferroviario que atestiguará en la causa fue amenazado hoy. Exijamos, con movilización popular y denuncia masiva, la desarticulación del aparato represivo y las patotas impunes, que no están desactivadas ni quietas. Exijamos la aparición de Alfonso Severo. Mañana habrá movilizaciones en todo el país. En CABA saldrá de Congreso a Plaza de Mayo. El juicio por Mariano sigue y, como han dicho los querellantes, no pasará solo por los tribunales de Comodoro Py. Para inocular a la patota y sus secuaces, exijamos justicia.

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