Día 22: Más relatos de la emboscada patoteril y policial

“Bajamos y vamos directo hacia el puente Bosch y nos quedamos 10 o 20 minutos (…) cuando  nos quedamos siguen tirándonos piedras y la policía nos empieza a tirar balas de goma y les dije a los compañeros que les dijeran ‘¿por qué nos tiran a nosotros?’”

Es el testimonio de Rocío Cardozo en la audiencia del lunes 1° de octubre. Aquél 20 de octubre de 2010 era compañera de Mariano en la manifestación de Barracas.

Rocío dejó de manifiesto, ella también, la abierta complicidad policial con la patota. Al referirse al momento en que los trabajadores tercerizados intentaron cortar las vías, tal como estaba previsto, indicó: “En un momento en que hay un alambrado que está abierto, como yendo para un terraplén, intentamos subir pero la patota nos empieza a tirar piedras desde arriba y hay compañeros heridos (…) nos vamos para el lado del puente Bosch. Duró cinco o diez minutos. Ahí no intervino la policía”.

Rocío añadió:

“Me fijo si alguien quedó atrás y veo que bajan a montones y digo: miren que están bajando, y nos apuramos. Todas las mujeres vamos adelante, para Vélez Sarsfield, y los varones para atrás, para armar un cordón de seguridad. Caminamos como una cuadra a mí me cae una botella al lado y empiezo a escuchar disparos ,y veo que al lado mío cae Elsa. Pensé que eran balas de goma y pensé: hay que salir corriendo (…) Cuando me acerco a Elsa veo que está llena de sangre y no sé de dónde ni cuánto tiempo aparece una ambulancia”.

¡Se nos vienen! ¡Se nos vienen!

Luego le tocó el turno a Damián Reynoso, otro de los compañeros que estuvieron junto a Mariano en la mañana del crimen. Cuando se le preguntaron las razones de la movilización, contestó:

“Porque había un proceso de conflicto en el ferrocarril (…) había dos tipos de trabajadores (el de los) tercerizados que ganaba el 50 por ciento de lo que ganaban los de planta (…) se organizan para ser reconocidos como trabajadores de planta. Empieza a haber despidos y empiezan a movilizarse al Ministerio de Trabajo, hacen cortes de vías, etc.”

Damián continúa:

“Cuando llegamos al puente Bosch, la patota estaba insultando, pero como había mucha policía cruzamos el puente  y por ahí hay como un caminito. Un grupo de tercerizados empieza a subir a las vías para efectivizar el corte, yo también llego a la mitad del terraplén. Ahí empieza a avanzar la patota que estaba más atrás, nos empiezan a tirar piedras. Nosotros estábamos con mujeres. El terraplén era una pendiente muy pronunciada, bajamos porque no se iba a poder subir. Un grupo de la Bonaerense estaba detrás nuestro, cuando cruzamos el puente empiezan a dispararnos, calculo que balas de goma. Entre las piedras y las balas nos replegamos y nos alejamos en sentido opuesto a las vías”.

Otra vez se observa, en ese testimonio, el accionar conjunto, coordinado, de la patota y la policía, en este caso la Bonaerense.

“Desde que empezamos a subir al terraplén y que la patota empieza a tirar piedras pasaron cinco minutos (hubo) mucha confusión. Abajo, la policía tiraba balas de goma (…) Dos compañeros, Chiquito  (Eduardo Belliboni) y Lisandro (Martínez) van a increpar a la policía, les dicen: ‘que están haciendo, no ves que hay mujeres’. Ahí se calman.  Llegan dos patrulleros, supongo que de la Federal, que vienen de Barracas y se cruzan sobre la calle  a 50 metros en la cortadita. Les decimos a la policía que nos estamos yendo del lugar, alejándonos de las vías”.

En ese momento, en una rápida asamblea, los trabajadores decidieron retirarse sin cortar: “Nos alejamos una o dos cuadras, hacemos la asamblea y ahí le avisamos a la policía que nos retiramos”.

Cuando cruzaron a la Capital, “hacía calor, estábamos sedientos. La sensación que teníamos era que estábamos protegidos, veíamos a la Federal con los patrulleros cruzados y la patota arriba. Pensamos que lo peor había pasado: hicimos una vaquita, compramos unos choripanes y cuando termina la asamblea cae un canal de TV, en la parrilla. Teníamos compañeros lastimados, entre ellos Elsa, e hicimos la denuncia”.

Como se recordará, Elsa, con un brazo vendado, dio una entrevista a la televisión y denunció la agresión sufrida. Lo peor llegaría enseguida.

“Empezamos a retirarnos –dice Damián. Nos íbamos, yo estaba delante de todo, bien alejado de las vías. Hay compañeros que empiezan a gritar: ¡Se nos vienen, se nos vienen! Yo me doy vuelta y veo que está bajando la patota, que de hecho después llega y no veo que los coches policiales estén sobre la calle. Corro hacia las vías y les grito a las mujeres que vayan en sentido contrario a las vías, y los compañeros armamos un cordón de seguridad”.

Los manifestantes retrocedieron hasta la parrilla donde habían estado hasta momentos antes. Sigue Damián: “Cuando llego estaban a un par de metros.  No puedo especificar la distancia, cuando llego la patota está ahí y empiezan a caer una cantidad de piedras. Era un caos, había compañeras que no se habían retirado, caían piedrazos. Ahí lo veo a Mariano y pensé que le habían tirado un piedrazo y que estaba como atontado. La verdad no escuché los disparos. Era tan distinta la situación a unos minutos antes, cuando estábamos tomando gaseosa y comiendo choripán. Veo a una compañera lastimada (…) miro hacia donde lo había visto a Mariano y veo compañeros llorando y ahí empiezo a caer de que hubo balas (…) ahí me doy cuenta de lo que había pasado realmente. Le revoleé el celular a una compañera para llamar a la ambulancia y me dicen que ya habían llamado pero la ambulancia no llegaba nunca. En un momento pasó una Traffic blanca y escucho ¡vamos, vamos, hay que subirlo! Y entre los compañeros ayudamos a subirlo y ahí la veo a Elsa, adentro de la ambulancia, con todo el cuello con sangre, y lo veo a Nelson (Aguirre) con las piernas ensangrentadas. Dice: me dispararon en las dos piernas, y yo pensé en una metralleta…”

El abogado Alejandro Freeland, defensor de Juan Carlos “Gallego” Fernández, hizo lo posible para que Damián se confundiera con los horarios, e insistentemente preguntó por eso. Al terminar el testimonio, le dijo al tribunal: “Los tiempos que indica el testigo no coinciden”. Después de algunas verificaciones, los jueces le contestaron: “Sí, coinciden”.

Freeland, quien poco antes se había opuesto a la designación de nuevos fiscales ad hoc, como una letanía que reitera en cada audiencia, acusó a los testigos de falso testimonio.

“Era un compañero increíble”

De inmediato declaró Roxana Miriam Tripe, otra militante del Partido Obrero que tomó parte en aquella movilización del 20 de octubre de 2010.

Roxana explicó que,después de decidir la desconcentración, en la asamblea hecha en Barracas, “nos empezamos a retirar. Quedé por atrás, algunos levantaban las banderas y se iban (cuando) compañeros gritan que van viniendo, y dicen que los hombres para adelante y que las mujeres se vayan. Yo no había caminado casi nada, habré hecho media cuadra (…) cuando empiezo a correr escucho tiros, dos disparos después de haberlo cruzado a Mariano. En el momento no entendí que eran disparos y seguí corriendo y escuché muchos más disparos, como ocho. Eran muchos, me aterroricé, no sabía con qué defenderme. Me agacho para recoger piedras y defenderme”.

Roxana recuerda “haberla visto tirada a Elsa y otro compañero herido, yo soy instrumentadora quirúrgica y pensé que podía hacer algo. Cuando llegué, Damián (Reynoso) estaba asistiéndolo. Cuando vi que era Mariano no lo podía creer, porque era un compañero increíble. Me quedé ahí hasta que llegó la ambulancia, yo vi que estaba muy mal herido. Lo cargamos en la ambulancia en la que ya estaba Elsa. Tomamos un colectivo y nos fuimos a Callao (y Corrientes). En el colectivo nos enteramos de que Mariano había fallecido”.

“Grita ¡viva Perón! y tira”

Otro testigo, Néstor González, militante del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR), declaró con su guardapolvo de docente puesto.

“La patota venía hacia nosotros, primero caminando y después corriendo. Nos defendimos porque la impresión que daba era que nos iban a matar”.

-“Escuché muchos disparos. Más de diez, seguro”.

-“Veo a una persona de remera azul que sale de la izquierda hacia el centro de la calle, grita ‘viva Perón’ (sic) y dispara”.

-“Corrimos detrás de la patota y nos topamos con los patrulleros. Estaban abiertos. Por lo menos, recuerdo que no estaban cerrados”.

González asegura que la persona que vio disparar era Cristian Favale, a quien reconoció por los medios. González dice que en los videos que le exhibieron en la fiscalía, ve a Favale portando o escondiendo un arma.

“Cuando la policía nos tira balas de goma en Bosch, los compañeros que habían intentado subir al terraplén ya habían bajado y retrocedíamos”, cerró González -y con él la audiencia-.

La jornada dejó la firme convicción de que la crónica de lo ocurrido el 20 de octubre de 2010 está bastante armada. Pocos se atreverían a dudar de la forma en que la patota -y en ella habrá que definir entre los 2 o 3 disparadores señalados- y la policía coordinaron ataque y cobertura. Los testigos son claros en su relato. Los abogados defensores se muestran confundidos.

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