Día 21: Un plan digitado desde la cabeza del sindicato

Se recostó sobre su hombro derecho e inclinó la cabeza hacia adelante, arqueando la columna y el cuello. De a poco, el peso de la cabeza desequilibró el cuerpo y balanceó al hombre sobre el escritorio. Al principio lo notaron unos pocos. Incluso los compañeros de su fila seguían con atención el relato de un testigo. Nadie parecía notarlo, hasta que uno de los vocales del Tribunal Oral en lo Criminal N°21, Carlos Bossi, le preguntó si precisaba salir de la sala o si se sentía bien. Su voz rasposa apenas se oyó. Hizo un ademán con la cabeza para que prosiguieran. Dijo, más hacia adentro que hacia afuera, que estaba bien. Ya era indisimulable: José Pedraza se había quedado dormido plácidamente en la silla que ocupa en la Sala de audiencias de Comodoro Py acusado de ser instigador del asesinato de Mariano Ferreyra y la lesión de otros compañeros.

No es casual que se hubiera dormido. Minutos antes, previo al receso del almuerzo, había recibido un inesperado shock. Ante la sorpresa de todos, fue citado a declarar un testigo protegido inesperado, José Luis García –ex Jefe de Personal y liquidación de haberes de UGOFE, entre 2007 y mediados de 2009-. El primer testigo de la jornada logró electrizar a Pedraza con su relato, en el que describió minuciosamente los manejos a dedo mediante los cuales la Unión Ferroviaria y La Fraternidad –y en menor cantidad el gremio de Señaleros- digitaban los ingresos al ferrocarril durante su gestión. Sobre el final de la audiencia llamarían a declarar a Ariel Pinto, que fue uno de los tercerizados manifestantes heridos de bala durante el ataque del 20 de octubre. Su relato sobre las maniobras de la tercerización a través de la UF tensaron el final de la jornada. Sería la frutilla del postre de un círculo que se cierra cada vez más sobre todos los acusados –autores materiales, cómplices e instigadores-. Pero antes estuvo García.

El ex jefe de Personal explicó que en esos dos años en que estuvo al frente del área ingresaron cerca de 1500 trabajadores –la planta pasó de 3091 a 4500- por expreso pedido de la Unión Ferroviaria y La Fraternidad, y que esos trabajadores tenían poca o nula calificación para los trabajos.

-Incluso a veces la empresa decía que no había dónde colocarlos, pero ellos insistían y los metían.

“Ellos”, como dejó en claro García, son Juan Carlos “Gallego” Fernández y Pablo Díaz, que obraban a instancias de José Pedraza. “El que digitaba todo, la cabeza, era Pedraza”, dijo el testigo, que sufrió amenazas desde su primera declaración espontánea hace dos años y que además contó con detalle dos encuentros en los que fue “citado” por Pedraza –a través del Gerente de RRHH, Héctor Messineo –de quien advirtió que previo a su labor en UGOFE supo ser asesor de ambos líderes sindicales ferroviarios –Omar Maturana y José Pedraza-.

Ante la hostilidad de los abogados defensores, García apuntó con firmeza la forma en que UGOFE contrataba y otorgaba licencias –para marchas, actos o manifestaciones- según lo definiera la UF. También explicó que los trabajadores que ingresaban debían firmar junto con el ingreso su afiliación al sindicato e iban juntos en el legajo personal del empleado. Y, ante la pregunta de las defensas, explicó que si no firmaban la afiliación no eran contratados.

Por si tamaña muestra del manejo discrecional y mafioso del personal no bastara, también explicó que los trabajadores no convencionados –es decir no agremiados ni regidos por el convenio colectivo de trabajo al que adscribiera cada gremio- percibían sumas inferiores de salario y de indemnización en casos de despido. “Entre un 25 y un 30% menos”, dijo. Además vinculó a dichos ingresos de personal con los subsidios que recibía la UGOFE a través de la Secretaría de Transporte –dirigida hasta hace pocas semanas por el hombre de La Fraternidad Antonio Luna-.

García también identificó a Gustavo Zeni, gerente de Contratación de UGOFE hasta hace dos meses, como parte del engranaje –Messineo por su parte sigue en el cargo-. Y explicó que la UF no solicitaba permiso a UGOFE sino que decía lo que había que hacer.

La explicación detallada y contundente abatió a los defensores pero mantuvo despierto a Pedraza. Es que García contó incluso las frases textuales que le profirió el aún líder de la UF. “No jodas con el tema de los ingresos”, fue una. La otra: “No podés discutir temas de salarios o que maneje la UF”. Las defensas, aturdidas, no entendían lo que observaban. Acudían a hostilidades o a la queja lisa y llana. “¿Pero usted es el defensor de los trabajadores?”, se desesperó Freeland.

García se mantuvo en su eje y se retiró, advirtiendo que todas las pruebas de lo dicho están en el juzgado y que hay expediente abierto en el ministerio de Planificación. Y aseguró que aun cuando hubiera dejado su función a mediados de 2009 –tras haber iniciado sus denuncias-, le constaba que persistían las mismas maniobras tras su salida.

El saquito marrón

La segunda declaración de la jornada fue la de Dora Martínez, perteneciente a la agrupación Quebracho y volvió a poner el eje sobre los hechos ocurridos en la jornada del 20 de octubre de 2010. Ante este relato, Pedraza se quedó dormido. La descripción precisa de Martínez tuvo su punto emotivo en la descripción de los momentos previos al ataque, que ella compartía –en plena retirada- con Elsa Rodríguez.

Ante el ataque de la patota que desciende de las vías –“y los gritos de alerta”, contó la testigo-, los compañeros les  dijeron que se retiraran e intentaron cubrir ese escape con un cordón de seguridad. Martínez aseguró que “el compañero Chiquito –del Polo Obrero- “las ayudó a refugiarse tras un cartel, desde donde se cubrían de los piedrazos del primer ataque. Allí resultaría herida Elsa Rodríguez, que se cubrió el brazo lastimado con un saco de hilo marrón.

-No me puedo sacar de la cabeza ese saquito marrón –diría emocionada Dora-. Con eso se cubrió la cara Elsa tras los disparos. Pensamos que estaba muerta.

El relato de la militante de Quebracho continuó ante las preguntas de los abogados defensores. Martínez explicó que oyó “entre 10 y 12 disparos”, que no iban preparados para un enfrentamiento –y los tomó por sorpresa, claro-, que ella no tira piedras aunque sea de Quebracho y describió cómo un policía quiso apresarla –arrastrándola- cuando se cubrían del primer ataque. Luego explicó su conmoción entre sollozos: “Yo iba pegada a Elsa y la vi caer. Íbamos muy pegadas, pienso que podría haber sido yo”.

Para el final describió que un compañero llegó a ver a un hombre con tatuaje de un payaso en el brazo disparando, pero que ella no vio a nadie. Freeland inquirió:

-¿Usted percibía el peligro?

-Uno no espera que otro ser humano pueda actuar así con otro ser humano –dijo y selló su testimonio.

Lluvia de piedras

El tercer testimonio de la jornada fue el del militante de Convergencia Socialista Victor Amarilla, también presente en la manifestación del 20 de octubre de 2010. Para referirse al ataque expresó que se trató de “una acción artera y criminal”, que los tomó por sorpresa y que jamás esperaron eso, aunque tuvieran algunas gomeras para defenderse. Su descripción del ataque inicial coincidió con el de todos los testigos previos y con el de Dora Martínez. Ambos lo describieron como “una lluvia de piedras que caía del cielo”.

Por su parte, volvió a inculpar a Cristian Favale, a quien reconoció como el disparador que “le dio” a Mariano Ferreyra. Llegó a oír varios disparos y observar dos de ellos provenientes, según dijo, de un revolver. También remarcó que Pablo Díaz estaba al frente de la patota antes del ataque, dando órdenes y hablando por teléfono, y que la policía no solo cubrió a la patota en su retirada sino que les abrió el paso cuando decidieron ir tras los manifestantes y tercerizados que se retiraban.

Ambos testimonios repasaron y certificaron nuevamente la forma artera en que la patota atacó a los manifestantes y el rol activo de la policía en el accionar de la patota –activo por acción u omisión, según el momento-.

La frutilla del postre

La llegada de Ariel Pintos despertó a los presentes, incluyendo a Pedraza. Es que el testigo aportó nuevamente detalles de la forma en que funcionaban las tercerizadas –incluyendo a Unión del Mercosur que respondía al líder de la UF- y cómo eran atacados los trabajadores. Pinto, además, fue víctima de una de las balas que lanzó la patota criminal, y era uno de los tercerizados que reclamaban su reincorporación. Pinto había sido despedido –contó- por “hacer reuniones” entre tercerizados que buscaban ser incorporados a planta permanente del Roca. Para octubre de 2010 ya había sido echado de la empresa tercerizada Confer –por la que cumplía trabajos de vía y obras en el Roca-.

Lo primero que marcó Pinto fue que previo al ataque de octubre ellos habían realizado un acto en Constitución que acabó porque la patota los echó del lugar a los golpes. Aunque no precisó la fecha –fue pocos meses antes del 20 de octubre- explicó que ese día estaban “echándolos” Cristian Favale y Pablo Díaz, entre otros.

Pinto explicó que aquél día de octubre también reconoció a Pablo Díaz al frente de la patota –hablando por celular, como ya fuera señalado- y que en un resquicio que hallaron “5 o 6 compañeros logramos subir a las vías” pero fueron repelidos por –otra vez- “una lluvia de piedras”. Desde allí pudo ver a “unas señoras tras un cartel”. Como se ve, las declaraciones de los testigos empiezan a encajar piezas que hacen imposible desconfiar de sus relatos.

Lo que siguió fue un relato dramático del ataque. De cómo él iba al frente con dos compañeros, de cómo la policía –que primero los corrió y les disparó ante el primer ataque- abrió sus patrulleros y dejó pasar a la patota. Contó que sintió el dolor en la pierna al agacharse para devolver una piedra. Que vio el agujero en su pantalón y que ya había escuchado varios disparos. Luego describió al tirador, que salió corriendo desde atrás de un auto. En total contó más de 8 disparos a una distancia de 20 metros. Luego de que los corrieran, la policía les impidió el pase y él, con su herida de bala en la pierna, les pidió “que hicieran algo”, pero no obtuvieron respuesta.

Ante las preguntas de la fiscal Pinto dijo que se enteró de la muerte de Mariano y de las lesiones de Elsa en el colectivo de regreso. Y que tras su curación en el Hospital Ramos Mejía fue a la comisaría a declarar. Hoy, a casi dos años, tiene secuelas leves. Cada tanto –contó- siente una corriente que le atraviesa la pierna.

Luego, el testigo desenmascaró la forma en que los trabajadores tercerizados cobraban menos que los de planta por igual trabajo –al estar fuera de convenio- y que los de la Cooperativa Unión del Mercosur –de Pedraza- eran los que peor estaban. También explicó que, “para pasar a planta había que estar en la UF o pagarle a algún delegado”. Explicó a Freeland con detalle que cobrara la tercera parte que los trabajadores de UGOFE por el mismo trabajo y hecho en la misma empresa, pero subcontratado. Luego del asesinato de Mariano y con la movilización popular, cerca de 1000 trabajadores lograron el acceso a la planta permanente.

Por último, ante la pregunta de la querella y de algunos defensores, explicó que para ingresar a la planta permanente –y que al principio les “mataban” con jornadas extensas- debió ocurrir lo de octubre, puesto que antes nunca habían recibido respuestas y sí amenazas de Pablo Díaz.

La contundencia de las declaraciones dejó en claro que el plan criminal se articula con la defensa de un negocio millonario. Subsidios, pagos inferiores a los liquidados, empleados subcontratados e híper explotados. Un combo que expresaron con detalle en solo 8 horas los cuatro testigos. Las últimas preguntas de las defensas mostraron su incapacidad y desazón. Las estrategias difieren, pero ninguno logra dar con un marco de contención para sus defendidos. Las declaraciones son muy elocuentes, las pruebas contundentes. El juicio ya no ronda sólo sobre la figura del tirador y sobre Favale. Pedraza está despierto. Al menos cuando se da cuenta de que hablan de él.

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