Día 19: Los asesinos

Los ojos de Omar Merino se clavaron en el tribunal. Hasta entonces, solo había mirado hacia adentro. Con los ojos posados en algún punto fijo, su cabeza repasaba lo sucedido aquél 20 de octubre y él, con pausas pero sin dudar, había elegido las palabras con precisión. Eligiéndolas con delicadeza, repasando mentalmente lo vivido. Pero cuando el presidente del tribunal Carlos Bossi le pidió que no se refiriera a los imputados en el asesinato de Mariano Ferreyra y la lesión de sus compañeros como a una “patota” -puesto que así lo habían establecido-, Merino miró por primera vez a una persona. Y, con los ojos clavados en el tribunal, dijo:

-¿Qué no les diga patota?; ¿Y cómo les digo? Asesinos, eso es lo que son. No tengo otro término para describirlos.

El silencio bastó como respuesta. De allí en adelante nadie más dudó, nadie más pudo quitar aquél mote que se ganaron los imputados. Algunos abogados defensores ensayaron una defensa y una quejumbrosa explicación. Hablaron de “odios y enconos” hacia sus defendidos –“Por algo será”, se atrevió a espetar uno de los jueces-, de miradas despectivas y hasta de “discriminación” de partes en el uso de la defensa. El cinismo atravesó sus discursos y en impúdica inocencia blandieron un pueril argumento: “No tenemos igualdad de armas para defendernos”, atinó a decir Hilario Lagos, defensor de Lompizano, volviendo a buscar una equiparación con lenguaje de enfrentamiento. “El testigo mira mal a mi defendido”, esgrimió infantil la defensora de Cristian Favale. La desesperación mellaba la labor desorientada ante una declaración elocuente.

La jornada número diecinueve del juicio a José Pedraza y otros no fue una más. Tuvo, además del récord de duración de una declaración –el dirigente ferroviario de la Lista Gris, Merino, fue sometido a más de 8 horas de interrogatorio- una novedad que abre un camino novedoso: luego de 40 declaraciones testimoniales y prácticamente con la certeza de que Favale fue el asesino de Mariano, y de que la patota forjó una masacre que pudo ser incluso mayor, se inició el camino para desandar la responsabilidad de los instigadores. Se habló, por fin, de las matufias de Pedraza y sus secuaces.

Luego del relato detallado y sereno, entrecortado por la visible emoción del testigo, Merino dejó en claro que conocía a Mariano de la militancia, que pertenece a Causa Feroviaria, que estuvo en el ferrocarril entre 1985 y 1995, que retornó en 2002 como tercerizado en Poliservicios y fue incorporado a planta permanente tras una lucha de 2004. Que el 20 de octubre de 2010 debió trabajar hasta entrada la manifestación –a diferencia de los 120 licenciados de UGOFE que formaron la patota- y que por ello estuvo en Avellaneda –donde trabaja- y vio como Pablo Díaz se comunicaba por teléfono y organizaba “inteligencia”, a la vez que escuchó a un trabajador a quien no logró identificar con nombre y apellido decir: “Peguen debajo de la cintura, solamente”.

También aclaró que un grupo de ferroviarios lo insultaba y agredía en su trayecto a Barracas junto a una compañera y que, cuando llegó, encontró la situación tensa y estuvo presente para decidir la retirada. Que vio cómo los atacaron, que formó el cordón de seguridad y que tras ver un disparador, salió corriendo atrás de él. Que observó 4 tiros y lo persiguió, zigzagueando para evitar los botellazos y piedrazos, pero que nunca lo alcanzó. Que llegó hasta un grupo de policías –que habían modificado la posición de los patrulleros como ya describieron varios testigos- y éstos no les dieron ni apoyo ni atención. Que volvieron a reclamarles a los pocos minutos cuando supo de los heridos de bala pero que tampoco los ayudaron. Luego contó que se fue y llegó a observar un cartucho rojo largo en una canaleta. En ese momento le dijo a Lisandro Martinez:

-¿Nos tiraron con escopeta?

-Nos tiraron con todo, vámonos – repuso su compañero, antes de que desalojaran la zona y decidieran movilizarse hacia Callao y Corrientes para protestar por lo sucedido.

El relato de Merino era emocionado y visceral, e incluyó una cabal descripción de la posición de los patrulleros antes y después del ataque asesino. Lo dibujo, lo expuso en la maqueta y hasta le trajeron autos de juguete para que explicara ese punto. A todo respondió con calma, estoico a más de 8 horas de sometimiento y hostigamiento.

Uno de los puntos más emblemáticos de la jornada pasó por la introducción de un elemento novedoso: la instigación y los motivos del asesinato y el ataque criminal.

Ante las preguntas de la querella, Merino graficó a los magistrados y letrados sobre algo que a las claras no sabían: las maniobras y manejos de la (no) democracia sindical en la Unión Ferroviaria.  La ilustración puso de manifiesto que la burocracia –a quién se debió definir y explicar- garantiza su permanencia en el poder -que le provee un evidente rédito económico- a través del dominio de los ingresos y la bolsa de trabajo, el uso de listas sábanas y la presión sobre los posibles candidatos opositores en las elecciones de delegados gremiales.

La explicación de Merino sobre los artilugios del estatuto de la UF para no permitirles obtener representación propia desnudaron a la burocracia, cuando acto seguido el testigo se refirió al tema de los tercerizados, el beneficio que representa para –entre otros- la Cooperativa Unión del Mercosur (manejada por Pedraza) que “negrea a los compañeros bajo otro convenio con sueldos dos veces menores y sin protección, debiendo renovar cada tres meses sus contratos, provocando el temor de perder el trabajo”.

Burocracia y clasismo: una lección en el estrado

Merino dejó al menos dos frases elocuentes ante las preguntas de las defensas:

-La Unión Ferroviaria de ninguna forma iba a permitir que el pase a planta permnaente ocurriera.

-Uno no corta las vías por hobby o contento, sino como resultado de un proceso precario y decidido colectivamente.

Por último expresó que la UF nunca acudió a las audiencias en el Mnisterio de Trabajo por los tercerizados y Freeland mostró su lengua picante: “Usted dice que los delegados de la Lista Verde los elige Pedraza, ¿y a los de la Gris?”.

-Nosotros hacemos asamblea y lo deciden todos los compañeros y le damos para adelante. La burocracia jamás hizo una asamblea- esgrimió Merino.

-¿Cuál burocracia? –chicaneó Freeland.

La jornada de hoy fue clara en diferenciar los métodos del clasismo de los de la burocracia sindical. La forma en que la lista Verde, al frente de la UF, se hizo fuerte en el ferrocarril a través de años de cambios de concesión y manejando la bolsa de trabajo desde que la empresa la maneja la UGOFE.

Llegó Freeland

Las estrategias de las diferentes defensas son difusas y errantes. La mayor parte de los abogados defensores pasa las audiencias en maniobras circenses y desprovistas de valor probatorio, articulando nulidades y planteos de supuestas contradicciones –en una amplia mayoría descartadas por el tribunal- con gesticulación ampulosa y provocadora.

En ese marco se destaca el inclasificable Aejandro Freeland –defensor de Juan Carlos “Gallego” Fernández- que hasta aquí mostró un histrionismo particular y dotes actorales que lo colocan como el principal fastidio de las querellas, el tribunal y hasta algunos de sus compañeros. Se ha ganado retos, aplausos, quejas y hasta chicanas por parte de su reemplazante. Es que hoy llegó tarde y su reemplazo comenzó el juicio planteando una nulidad –diferida para la próxima semana- a su nombre y con el mensaje claro: “No está Freeland, tengo que hablar mucho para reemplazarlo”.

Pero no acabaría allí su participación, porque a la hora y media de comenzada la audiencia se hizo presente y encaró una estrategia mucho más ofensiva para con el testigo. Por momentos debió ser apercibido e incluso repudiado por los abogados de la querella. Entre otras cosas, mientras Merino declaraba supo provocar con preguntas del tipo: “Usted dice que los ferroviarios tenían instrucciones de pegar debajo de la cintura, ¿y su agrupación instrucciones de pegar a donde tenía?”; o “¿La queja de su agrupación es porque pierden las elecciones legítimas?”.

Para el final quedó un cúmulo nuevo de planteos de supuestas contradicciones, que respondían a diversos detalles como si Merino recordaba un auto rojo o no, si encontró el cartucho de escopeta y lo reportó o no lo reportó, e insistentemente sobre si los patrulleros, que dejaron escapar a la patota y obstruyeron el paso a los manifestantes que quisieron perseguirlos, estaban puestos trompa con trompa o de frente contra culata.

La respuesta de Jalil, el abogado de Correpi fue contundente y comentada y refrendada por los abogados de APEL: “El testigo es llamado para que responda sobre sus impresiones y recuerdos, no para ser acusado”.

Es que los abogados defensores, que suelen olvidar lo que los testigos les dicen apenas minutos más adelante, pretenden señalar contradicciones entre sus testimonios actuales y las declaraciones de hace dos años. Olvidan, además, que los testigos reproducen sus impresiones de lo percibido en medio de una matanza y no en un espectáculo teatralizado como el que ellos representan en cada audiencia. Merino, que luego de trabajar acudió a manifestarse con su compañeros, que presenció y se salvó de una matanza, que persiguió a uno de los tiradores y que dos años más tarde se prestó a 8 horas de testimonio, no dejó dudas: “Estos burócratas son asesinos, no tengo otro término para definirlos”.

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Un pensamiento en “Día 19: Los asesinos

  1. Muy buena la nota, realmente. Solo una aclaración: Freeland no es nuestro fastidio. Por el contrario, entre su imposibilidad de defender lo indefendible y su continuo animus figurandi, pone cada vez más en ridículo su tesis defensiva: la “patota” del PO era una horda de salvajes agresores. Parece que no vio el video de C5N. No distingue entre tercerizados, el PO ni la CORREPI.

    Y Medina y yo somos unos “bandoleros” y “chicaneros”…

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