Día 16: Los buenos y los malos

La audiencia número dieciséis abrió un camino novedoso en el juicio que se lleva a cabo contra José Pedraza y otros, por el asesinato de Mariano Ferreyra y  la lesión a varios de sus compañeros. Uno de los testigos propuestos para la jornada de hoy dio por tierra con la idea de la ayuda del Gobierno en la resolución del caso, cuando reconoció a uno de los supuestos tiradores en uno de los videos que capturó la cámara de C5N: se trataba ni más ni menos que del testigo protegido de grado diez (el máximo posible), el tal “Benítez” acercado por el intendente de Quilmes, Francisco “Barba Gutierrez”.

De esta forma, la jornada que había comenzado complicada para la defensa en Comodoro Py, acabó siendo aún más tortuosa. Es que a las declaraciones campechanas de un militante del Polo Obrero de Esteban Echeverría -que solicitó se resguardara su identidad-, se sumaron las detalladas explicaciones de Alberto Esteche, un vecino residente de la zona de Barracas en la que la patota criminal atacó a los manifestantes. Esteche, un albañil ocasional que actualmente trabaja en el sector de comercio, contó que vive hace 25 años en la zona y estaba almorzando en la parrilla ambulante de Pedriel y Luján –sitio donde cayó asesinado Mariano- cuando lo tomó por sorpresa el ataque. Su testimonio cobró doble vigor porque no pertenecía a ninguna de las partes interesadas –ni militante ni acusado ni policía- y no dudó en calificar, en su tono simple y su lenguaje honesto, a las dos fracciones como “los buenos y los malos”.

Aun cuando la fiscal y el tribunal le pidieron que no acudiera a calificativos, el testigo quebró esa resistencia –por la solidez de su relato y por lo sentido de tales apelativos-  hasta lograr que incluso uno de los abogados defensores de los policías acabara por utilizar la misma forma para referirse a las partes. Los buenos son los manifestantes, los malos los que los atacaron.

Testigos sólidos, defensas aturdidas

Con la identificación de ambas partes como buenos y malos, parece que esa parte de la causa ha sido saldada. Los más de 20 testigos que han pasado –militantes, policías y ahora vecinos- aclaran que los manifestantes eran pacíficos, mientras que la patota los emboscó arteramente. A pesar de ello, la defensa continuó largamente con las chicanas insistentes. Los defensores Freeland, Igounet y D’Elía, trataron de hacer hincapié en los palos que los manifestantes tenían como método de defensa y buscaron que el testigo del Polo Obrero –a quien llamaremos Néstor- dijera que habían agredido a la patota. No lo consiguieron, pero en ese punto resaltó vital la simpleza barrial del primer testigo, que describió con sinceridad la forma en que utilizó piedras para defenderse, a la vez que algunos de sus compañeros tenían palos para cubrirse ante eventuales incidentes.

La abogada querellante María del Carmen Verdú aseguró: “Es más importante esa declaración que aquella que dice que no sabe si se usan palos para defenderse. Ante el posible ataque de armas de fuego –que efectivamente sucedió en este caso- tener palos es una mínima acción de seguridad”.

Néstor, además, remarcó que estaba de frente al hombre que disparó –al que él vio, al menos- y lo identificó como Cristian Favale –a quien aseguró haber reconocido en la televisión. El testigo incluso mostró con su propio cuerpo la forma en que se habría parado Favale al disparar. La explicación simple y detallada contrastó con la impericia de algunos abogados defensores en su intento por aludir a supuestas riñas o contradicciones en las declaraciones. Freeland llegó a pedirle que describiera el fogonazo que vio, “su color”, a lo que el testigo respondió con aplomo, serenidad y algo de incredulidad. Los jueces desestimaron los pedidos de revisión de las supuestas contradicciones con la declaración previa ante las aclaraciones sinceras del testigo.

A la salida de la sala, durante el receso, Néstor dialogó con el Diario del Juicio y explicó que se acercó espontáneamente a declarar porque nunca pudo borrarse la imagen de Mariano agonizando. Y aseguró que no se puso nervioso porque estaba diciendo la verdad. Que entiende que los defensores intentaban arrinconarlo y confundirlo, pero que la mayor parte de sus preguntas eran ridículas y poco relevantes.

Aquél 20 de octubre, Néstor acudió a la manifestación con algunos pocos conocidos, estaba haciendo sus primeras experiencias en el Polo Obrero, donde aún sigue militando. Las respuestas en lenguaje llano y preciso agotaron toda instancia de repregunta e inquisición de las defensas, que debieron conformarse con la búsqueda infructuosa de una contradicción que no llegó.

El albañil que quiso defender

Para comprender la magnitud de la declaración de Alberto Esteche hay que explicar algo. Ese 20 de octubre estaba trabajando en una changa como albañil, actividad que realiza cuando no tiene una tarea fija. Hoy en día es obrero de la planta de Coca Cola y llegó tarde a la audiencia porque no tenía permiso para salir del trabajo. No forma parte –y nunca formó- de ninguna de las partes implicadas en la causa. No tiene vínculo con la querella ni con la defensa. Es el primer testigo “objetivo” que acude a declarar. Ha recibido amenazas. Su casa fue baleada hace tiempo, un día antes de que acudiera a declarar en la fiscalía: hirieron a su hijo y le perforaron la próstata. Dos de sus sobrinos fueron despedidos de sus trabajos en el Ferrocarril Roca. En ese marco, se prestó a desenmascarar los artilugios de una defensa que no da pie con bola.

Esteche contó que ese mediodía estaba almorzando junto a su hijo en la parrilla de Marcelo –un puesto ambulante en la esquina de Pedriel y Lujan-. Que es vecino del lugar hace más de 25 años y que conoce la zona como la palma de su mano. Con sus manos, precisamente, trazó sobre la maqueta del tribunal la posición de cada actor vinculado a la causa, identificó a los tiradores, mostró el lugar desde donde acudió en defensa espontánea de los agredidos y que él mismo levantó tres plomos –balas- que entregó al comisario –o subcomisario a cargo- y que nunca aparecieron en la causa.

Con modismos simpáticos y calificativos que conquistaron su propia autonomía, Esteche remarcó que un grupo de manifestantes –“los buenos”- cantaba consignas obreras, blandía sus banderas rojas y blancas y actuaba pacíficamente, cuando fue emboscado por “los malos”, que los corrieron a “puteadas, amenazas de muerte y piedrazos”. En ese momento Esteche dijo que se cubrió tras un camión junto a su hijo, pero que salió de allí un minuto más tarde para acudir en defensa de los manifestantes, “porque cubrían a las mujeres y chicos para que se fueran y me daba impotencia ver cómo los atacaban”. No sólo acudió en su ayuda, sino que auxilió a Mariano cuando yacía agonizante en el pavimento y colaboró para colocarlo en la ambulancia. Finalmente, detalló con precisión quirúrgica la forma en que la policía interrumpió el paso de “7 u 8 muchachos del grupo de los buenos” que quiso perseguir a los agresores. Esteche aseguró que, de no ser por la policía –“que no hizo nada mientras los agresores atacaban y disparaban”-, hubieran alcanzado a los asesinos. Incluso, remarcó: “si hubiera estado con algunos vecinos más los habríamos perseguido nosotros”.

Ante las preguntas indefensas de la defensa, el testigo contó que “los buenos” cantaban y decidieron irse, cuando son atacados. Que él mismo agarró un palo para defenderlos: “Los tarados estos (por la patota) les tiraban a chicos y mujeres, me daba impotencia”. Esteche aseguró que oyó un solo disparo, pero que identificó al menos a tres sospechosos guardando algo que “parecía un arma”. En ese momento, describió a los tres: “El de gorrita negra y remera negra, con jean y anteojos; el de cuello ortopédico y el de remera azul y blanca a rayas”.

La declaración de Esteche demostró que hay al menos tres tiradores, entre los cuales se destaca el de “azul y blanco a rayas”, puesto que al exhibirse el video crudo de C5N –a pedido de la defensa-  se comprobó que se trata del testigo protegido Benítez, el “aporte” del Gobierno Nacional a la causa, que acabaría siendo un eslabón más en la cadena de vinculaciones entre patotas, funcionarios y burócratas. Por último cabe señalar algunas minucias de la defensa. Freeland, por ejemplo, le preguntó a Esteche si había peleado, a lo que éste contestó que no, pero que le habría gustado. Mención aparte para la pregunta de Igounet, que inquirió acerca de si el testigo estaba afiliado o no a algún sindicato, a lo que el tribunal dijo que no debía responder. Sin embargo, la simpleza de Esteche pudo más: “Ya dije que trabajo en Coca Cola, estoy en comercio como todos sabrán”. Las risas del público volvieron a dejar en ridículo a la defensa, que buscaba vincular a esteche a algún grupo sindical en disputa con los acusados. Por supuesto, no pudieron.

Para el final quedó la breve declaración del subcomisario de Florencio Varela, Walter Romero, que reiteró lo que había dicho su superior –el comisario González- en la audiencia del martes: ambos conocían y tenían vínculos fluidos con Favale por su condición de barrabrava de Defensa y Justicia. Además, como explicara el comisario, nueve hombres fueron detenidos en un control policial en dirección a Avellaneda el 20 de octubre de 2010. Estaban en un Renault 19 y dijeron que iban a un acto político. Favale, entonces, llamó a Romero y le pidió ayuda para que “los dejaran ir”, fue hasta allí con su Corsa y siguieron viaje en dos autos. Esto demuestra, además del vínculo entre policías y barrabravas, que se trata de un plan criminal y premeditado y aborta la teoría del “loco suelto”.

La extensa y novedosa jornada dejó una duda sobre el futuro del testigo protegido Benítez de cara a los alegatos y la forma en que se desenvuelva el juicio. Y demostró que las estrategias intrincadas de la defensa son desbaratadas una y otra vez por la honestidad y la contundencia de los relatos de los testigos. Al salir, Esteche conversó con el Diario del Juicio. En ese marco le dijo a Pablo Ferreyra: “Yo levanté a tu hermano del piso, yo quise ayudarlo. Cuando vi que estaba orinado y defecado, supe que era grave”.

Antes de irse, el Diario del Juicio le preguntó:

-¿Por qué decís que hay buenos y malos?

-Y…cuando hay unos que son pacíficos y están con mujeres y chicos cantando, vos sabés cuáles son los buenos ¿no?

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2 pensamientos en “Día 16: Los buenos y los malos

  1. Las últimas seis líneas, además de hacerme llorar, son la síntesis de lo que pasó el 20 de octubre. Qué coraje el testigo Esteche. Y que cobardes los asesinos de Mariano..

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