Día 13: Un testigo protegido desnudó los manejos punteriles de la UF y el plan criminal

La decimotercera jornada en el juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra dejó al descubierto el plan criminal de la patota y el vínculo directo entre los supuestos asesinos y los altos mandos de la Unión Ferroviaria. La última audiencia de la semana tenía deparada una particularidad: como el martes, las visitas debieron desalojar la sala ante la presencia de un testigo protegido de identidad reservada. Un nutrido grupo de militantes del PO, junto a familiares y amigos de Mariano –incluso sus hermanos- debieron aguardar fuera de la sala del Tribunal Oral en lo Criminal 21 de Comodoro Py. De un lado del vidrio donde siempre se sienta el público estuvieron todos los imputados.

El testimonio de “Claudio Díaz”, que trabajaba como guarda de trenes en la línea Roca y participó de la patota sindical que atacó a los manifestantes, dejó al descubierto a varios imputados, a la vez que demostró la cadena de mandos dentro del gremio –y con ello el rol primordial de José Pedraza y cía. en el asesinato de Mariano.

Desde el comienzo, el relato de Díaz fue detallado y preciso. Se supo así que el guarda se presentó en la estación Constitución por pedido de Carnevale –que fue señalado por el anterior testigo protegido Benítez como el reclutador- para contrarrestar una manifestación de tercerizados. Ante las preguntas, el testigo aseguró que acudió al pedido para “hacer méritos” dado que pretendía lograr que su mujer ingresara a las filas ferroviarias para trabajar y dejó en claro que es la Unión Ferroviaria la que define quién ingresa a planta permanente y se lo comunica a UGOFE.

Ya en Constitución, donde llegó pasado el mediodía por trámites personales, se encontró con Gabriel “Payaso” Sánchez, uno de los apuntados como presuntos disparadores. De allí se fueron en el auto de Sánchez hasta la estación Irigoyen, y en el trayecto –contó Díaz- el barrabrava de Racing sacó una bolsa de nylon blanca de la que extrajo un arma y dijo: “Traje el juguete porque si pasa algo, de alguna forma tengo que salir”.

Ya en la estación aseguró que no pudo ver si Sánchez sacó el arma del auto, puesto que estaba pidiendo instrucciones a Carnevale. En ese momento, se subieron a las vías y desde allí vieron a policías de civil debajo de las vías, junto a ferroviarios y desconocidos. A más de 150 metros –aunque no pudo precisarlo con exactitud, se encontraban los tercerizados, a quienes los ferroviarios comenzaron a correr. Él se sumó a la carrera –contó- y lo hizo porque pensó que Carnevale estaba allí y debía socorrerlo -puesto que había tenido una afección cardíaca pocos días antes-. Sobre la irrisoria explicación, María del Carmen Verdú, abogada querellante, fue clara: “Algo tenía que decir para justificar que saliera corriendo en esa dirección”.

Luego de recibir un piedrazo, el testigo se cubrió tras un árbol y se fue. “Como no observó más, no pudo aportar nada sobre el asesinato en sí”, explicó Verdú. Y agregó: “Lo que sí hizo fue dejar en claro la cadena de mandos, porque al llegar herido es Daniel González –uno de los imputados- el que define, previo llamado a Pablo Díaz, a dónde llevar a los heridos. Junto a él lleva a un herido en la mano que presuntamente sería Guillermo Uño”.

Lo lleva Gonzalez al Hospital Argerich, que estaba lleno y colapsado porque al mismo tiempo estaban atendiendo allí a Mariano Ferreyra. Luego de otro llamado de Pablo Díaz, este los hace ir a Constitución. El testigo reveló que en ese trayecto González le advirtió: “No digas nada porque se pudrió todo”.

Esto demostraría que la patota no sólo fue reclutada para amedrentar a los tercerizados y portaba armas, sino que sabían del daño ocasionado y buscaron la forma de cubrirse por todos los medios posibles. El testigo reservado luego fue licenciado por tres días y, al regresar, ya enterado de todo, contactó a un conocido que lo vinculo a la policía, declaró ante ellos, luego en fiscalía yquedó bajo el programa de protección de testigos del Ministerio de Seguridad. Es uno de los cuatro testigos protegidos que declararán en la causa.

Todo el testimonio dejó al descubierto a la patota, incriminó a Sánchez y complicó a los ideólogos, puesto que dejó en claro, además de la forma en que se manejaron ese día, cómo funciona todo en el gremio. Dijo que los delegados los pone el gremio a dedo y ellos votan, que nunca pudieron elegir sus propios compañeros, que en general había lista única y que la UF ordena a los afiliados en lugar de ser los trabajadores los que dictan el andar de su gremio. Y explicó la cadena de mandos: Pablo Díaz por encima de los delegados y “Gallego” Fernández como “escalón máximo”, reportando directo a la sede central de la UF en Independencia 2880, donde Pedraza digitaba todo. Dijo que al máximo líder solo lo vio en el acto de Ferro, donde fue orador y que entró a trabajar al ferrocarril antes de UGOFE y que desde esa concesión la UF decide quién es ingresado a planta y quién no. Que se acercó al gremio para cubrirse de eventuales despidos y para hacer méritos y que ingresara su mujer a planta.

Ante la contundencia de lo expuesto, la defensa intentó romper el testimonio. La defensora de Favale, por caso, quiso que describiera a Sanchez, para inculpar al Payaso y no a su defendido. Y al revés los otros. Las defensas, en general, no pudieron engancharlo en nada turbio. Luego quisieron plantear la nulidad porque los testigos están caracterizados para no ser reconocidos. Verdu confesó que el primer testigo protegido Benítez –que tiene el máximo grado de protocolo del Ministerio de Seguridad- tenía un disfraz por demás gracioso, pero aseguró que el tribunal rechazará esas nulidades pedidas. Que son manotazos de desesperación, remarcó Claudia Ferrero, abogada querellante de APEL y del PO.

A continuación se exhibieron videos y cuando el testigo protegido acabó su extensa declaración, el Payaso Sánchez pidió un careo, que el tribunal no le concedió, pero sí pudo ampliar su (nula) declaración previa. En esa ampliación no respondió a ninguna pregunta –ni siquiera a sus abogados- y fue absolutamente confuso. Desmintió haber tenido un arma, y también haber sido barrabrava. “Resultó poco creíble para el tribunal y los presentes”, según apreció Pablo Ferreyra, que a esa altura ya había podido ingresar a la sala junto al público.

Por último, declaró el teniente Antoniuk, de la brigada de videos y concluyó la extensa jornada. El lunes continuará el juicio, pero la jornada de hoy marcó un quiebre: los imputados empiezan a sentirse en peligro, comienzan a hablar. Están hasta las manos.

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