Día 9: Un policía confirma que le liberaron la zona a la patota

Como suele decirse, la peor pesadilla de las defensas de los asesinos de Mariano empieza a hacerse realidad. Si el testimonio de María Villalba, en la audiencia de ayer, terminó de aplastar, conmovedoramente, la teoría del “enfrentamiento”, las razones de la querella respecto de la policía fueron ratificadas hoy por el sargento José Alberto Ortigoza, quien no está imputado y evidentemente no desea estarlo. Este policía confirmó los testimonios de los compañeros de las víctimas sobre cómo sucedieron los hechos.

Ortigoza señaló que el número de patoteros era considerablemente superior al de manifestantes, y que éstos intentaron salir de la zona pero se vieron envueltos en lo que constituyó una emboscada en regla. Ortigoza pertenecía al servicio de calle de la seccional 30ª, con jurisdicción en el lugar de los hechos, y fue convocado al lugar cuando el ataque de la patota aún no se había producido.

“Llegué y lo vi al comisario (Rolando) Garay hablando por teléfono”, dijo. Garay, con el grado de subcomisario, estaba entonces a cargo de la 30ª. Esa declaración ratifica que la policía usó aquella mañana teléfonos POC, prohibidos por las reglamentaciones policiales porque impiden guardar las comunicaciones que están obligados a dejar registradas. Ese fue el sistema que se usó para liberarles la zona a los criminales.

El sargento –ascendido luego a inspector- contó que estaba vestido de civil y se le ordenó hablar con los manifestantes y preguntarles qué iban a hacer. Media hora después, dijo el policía, llegó el equipo periodístico de C5N, y entonces él vio que empezaba la embestida de la patota que bajaba del terraplén. En la audiencia se vio el video en crudo tomado por los periodistas del canal, y se escucha la voz del propio Ortigoza cuando les pide que se corran “para no ser lastimados”. En ese momento, agregó, ya habían llegado otros tres efectivos de civil, pertenecientes a la División Roca de la Federal, que se quedaron en el lugar “monitoreando lo que ocurría”.

Ortigoza dijo que en un momento los patoteros quisieron atacar a esos policías, porque creyeron “que eran zurdos”, pero la agresión cesó inmediatamente cuando ellos se identificaron y uno de los miembros de la banda confirmó que se trataba de policías.

Emboscada policial

“Esto confirma que había más policías de los que nos quieren hacer creer”, dijo luego de la audiencia María del Carmen Verdú, abogada querellante y miembro de la Correpi. Verdú añadió que “este es el primer policía que dice que cuando él llegó los móviles de la comisaría 30ª estaban trompa contra trompa, cruzados, cortando el tránsito, mientras que a la hora de los incidentes estaban a 45 grados” para permitir que la patota se retirara después del ataque.

La abogada de la querella explicó que Ortigoza “describió el ataque en las mismas palabras que los manifestantes y destacó la diferencia de fuerzas entre los dos grupos, porque el grupo de manifestantes estaba lleno de mujeres, ancianos y chicos”.

Otro testigo policía, de apellido Domínguez, también de la 30ª, hizo un esfuerzo por sacarles las castañas del fuego a los acusados y defender la versión oficial, pero su testimonio cayó en el ridículo. La mayor parte de sus respuestas fueron “no, no me acuerdo, no vi…” De todos modos, no consiguió ocultar que hubo una orden de liberar la zona: “Me dijeron que me quedara observando”, admitió. Y así lo hizo. Además, confesó que el comisario Garay sólo pidió refuerzos cuando el ataque había comenzado. “Si lo hizo antes, no escuché”, dijo.

En definitiva, están hasta las manos.

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