Día 8: Los policías nunca recuerdan nada.

Probablemente la jornada de hoy sea recordada como el día en que la estrategia de la defensa comenzó a resquebrajarse. Aunque, cabe resaltarlo, nunca fuera del todo efectiva. La dilación, las chicanas y las argucias leguleyas de la defensa –que volvieron a estar presentes hoy- quedaron al descubierto ante el testimonio demoledor de María Villalba, la compañera del Polo Obrero que asistiera a Mariano Ferreyra y a Elsa Rodríguez el día en que la patota descargó su balacera en Barracas.

El relato crudo y contundente de María contrastó con los silencios plomizos de los policías: en la octava audiencia, luego de la emotiva narración de Villalba, declararon cuatro policías que, bajo juramento, retrucaron a todas las preguntas con igual mecanismo: “No recuerdo nada, pero si lo puse en el acta, eso es lo que pasó”.

De esta forma, cobró mayor vigor la locuacidad de la compañera de Mariano y Elsa. Como dijo Claudia Ferrero (abogada de la querella) al concluir la sesión: “El testimonio de una mujer de 60 años, desarmada y quebrada en llanto, dio por tierra con todas las provocaciones de la defensa: de las supuestas riñas, enfrentamientos o lo que sea”. Villalba contó con precisión lo ocurrido aquél 20 de octubre. Aunque nunca quiso regresar a Barracas, cerró los ojos para recordar cada detalle posible, pero descartó señalar horarios porque el día previo había perdido su celular y no tenía reloj. Y dejó sin aliento a los abogados defensores: no tenía gomeras, ni palos, ni armas tumberas. No tenía nada.

El momento más difícil del día se vivió en su relato, que incluso debió interrumpirse cuando se quebró y pidió un receso. María recordó que vio desplomarse a Elsa y la asistió: “Iba con Elsa volviendo para el local. Se sentía griterío, lío, íbamos conversando por la vereda, en la esquinita había agua y barro, yo salto y sigo derecho pero Elsa no, hice tres pasos y escuché que se resbaló. La vi caer, me vuelvo para atrás y le digo: Che, te pegaron en la mano, no es para que te desmayes. Pensaba que se había resbalado. La miro a los ojos y estaban cerrados, la agarro de la pera para darle una bofetada y le veo en el costado de la frente un agujero hondo en la sien. La dejé despacito, era una bala. Grité: escóndanse que nos quieren matar”.

María pensó que Elsa estaba muerta.

Luego, entre lágrimas y el silencio atronador del público presente en la sala del Tribunal Oral Criminal 21 de Comodoro Py –ahora presidido por el juez Carlos Bossi-, María recordó que corrió para pedir un teléfono y llamar a la ambulancia, pero que unos metros más atrás vio a Mariano tirado en la esquina y ya no pudo seguir. Quiso asistirlo, recordó. Y vio a “los ojos abiertos, grandes” de Mariano Ferreyra, y que al revisarlo le encontró “un hueco” en el abdomen “como el de Elsa”.

Mariano no podía hablar, pero María quiso asistirlo y traquilizarlo, le hablaba. Le dijo que la ambulancia llegaría pronto, aunque no tuviera idea de eso. Quiso tranquilizarlo.

Mariano Ferreyra murió pocos minutos después y Elsa Rodríguez se recupera con mucho esfuerzo. El testimonio clarificador de María dejó mudos a los defensores y conmovidos a todos.

En ese marco, tocó prestar testimonio a cuatro oficiales de las policías federal y  bonaerense: Bobadilla, Benítez, D’avalos y Soria. Los dos primeros, participaron de las acciones de inteligencia que ordenó la fiscal Graciela Caamaño a partir de un llamado al 911 del día 20 de octubre de 2010 que alertaba sobre un tal “Harry” en Florencio Varela. El tal “Harry” acabaría siendo Cristian Favale, principal sospechoso de haber disparado a Mariano.

Los cuatro policías dijeron que no recordaban nada y se limitaron a decir que, “si las actas decían algo, así debía ser”. La defensa suele tener como estrategia desautorizar dichas instrucciones y actas, pero cabe recordar que normalmente la justicia desestima ese tipo de pedidos, puesto que sistema judicial se basa en esas actas para llevar a cabo sus procesos.

En ese contexto, las defensas propusieron agregar pruebas –llamar a más policías- por el artículo 388 que permite introducir elementos que resultaran de interés. Las querellas dijeron que les parecía una maniobra dilatoria. Más aún, María del Carmen Verdú (abogada de la querella y de la CORREPI) fue más allá y propuso: “Todos sabemos que llamar a más policías es inútil porque nunca recuerdan nada”. Fue el único momento de distensión y risas, en una jornada signada por la emotividad.

Antes de finalizar la audiencia, el presidente del Tribunal advirtió problemas con el Servicio Penitenciario por lo que, para acudir a la audiencia de mañana, los imputados deberían pernoctar en la Unidad 28. Ante la negativa por parte de éstos, se resolvió que se iniciará normalmente la jornada y los imputados llegarán más tarde –siendo representandos entretanto por sus letrados-.

Para el final quedó una última chicana de Alejandro Freeland –abogado del segundo de la UF,  Juan Carlos “Gallego” Fernández- que advirtió que las ampliaciones que solicitó de los videos ya emitidos estaban listas, pidiendo al tribunal que dispusiera su presentación. Una última vez, la defensa vuelve sobre su única tesis: la supuesta teoría del enfrentamiento y de Mariano con una gomera.

El relato de María Villalba, sin embargo, barrió con eso y dejó una única certeza: la muerte de Mariano y las lesiones de los otros compañeros son producto del accionar mafioso de una patota criminal en connivencia con ambas policías. Continuará mañana.

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