Entrevista con el Be: Ojalá que estuvieras acá

Por Daniel Mecca

El video dura tan solo 1.50 segundos. Primero llega el sonido: los rasguidos de la guitarra criolla de El Be que toca el final de la primer estrofa de I wish you were here, de Pink Floyd. Se oye su voz cantar. Luego se eterniza la imagen: El Be canta y mira a los ojos a su amigo que tiene al lado y que está con una guitarra eléctrica roja y blanca: Mariano le devuelve la mirada, lo mira fijo, cálido, acompaña la canción con algunas notas sueltas en cada tramo. Tratan de ponerle seriedad a la canción. Pero ambos se miran cómplices, cerca de la sonrisa atorrante, disimulando algunos pifies. Llega entonces el estribillo y Mariano arranca con esas cuatro eternas notas del riff que inmortalizó David Gilmour. Le mete distorsión a la viola. No le sale. Se ríen otra vez. Mariano toma un trago de cerveza. Sigue. De repente se los oye cantar a los dos juntos, las dos guitarras juntas: How i wish, how i wish you were here. Se ve a Mariano que canta cerrando los ojos, atravesado de música y sensibilidad. Se lo ve sentir lo que canta: ojalá, ojalá que estuvieras acá.

El de la guitarra criolla es Patricio El Be, el mejor amigo de Mariano Ferreyra, que a casi dos años del asesinato del joven militante del PO a manos de una patota criminal de la Unión Ferroviaria dialogó una hora con Diario del Juicio. Habló sobre el comienzo del proceso judicial, sobre la masiva campaña militante. Habló sobre Mariano, su mejor amigo; sobre el Mariano militante y revolucionario, y el Mariano músico. Habló sobre el simbolismo político que connota hoy su nombre. Contó anécdotas, se rió otra vez de los chistes y ocurrencias que recordaba de Mariano. El Be se quebró sobre el final de la entrevista, con ese atravesar de un dolor indecible. Ese dolor de que te arrebaten lo que más querés. Dijo que aún hoy es Mariano el primero en el que piensa para ir a contarle algo importante. Que hablar de Mariano es hablar de historia. Y dijo, sin dudarlo, que Mariano Ferreyra volvería a dar esta lucha política una y mil veces más.

El juicio

-¿Cómo estás viviendo el proceso del juicio?
-Tuve la posibilidad de entrar el día del comienzo del juicio. Y fue fuerte. Me encontré ahí con otros amigos míos y de Mariano, compañeros que no veía hace bastante y que también tenían vinculación con él. Cuando lo nombraban fue una sensación rara, un juez diciendo el nombre… Sobre todo cuando lo dijo completo, casi fue una situación de quiebre: Mariano Esteban Ferreyra. Lo anterior fue todo lo contrario: la lucha y la campaña por el inicio del juicio fue espectacular, con pintadas; nos desvivimos. Uno salía de trabajar, se iba sin dormir para hacer pintadas… A uno que era amigo de Mariano le da una satisfacción increíble hacer ese esfuerzo por el inicio del juicio, con pronunciamientos…, íbamos a ver a todo el mundo; fue muy bueno realizar esa campaña, también como un saldo que tiene uno, una deuda que siente como amigo de Mariano, no solo como compañero. Por eso, como amigo también se va a jugar todo por la campaña por el juicio como lo hicimos hasta el 6 de agosto.

-¿Qué expectativas tenés sobre este proceso judicial?
-Es difícil. Porque el juicio quizás depende más de una caracterización política de la situación y la situación política es contradictoria: por un lado una movilización impresionante, pronunciamientos de cualquier cantidad de gente, músicos, banderas en las canchas; jamás vi una campaña donde tanta gente y de un abanico tan amplio se movilicen y se pronuncien por la campaña de Mariano. Con lo cual genera mucha esperanza el juicio, sobre todo por la movilización. Pero tenés la contrapartida: las maniobras de (José) Pedraza, las cartas el realinamiento con la CGT Balcarce y una cantidad de cosas que te generan contradicciones. Pero viendo la enorme campaña y que hoy el nombre de Pedraza ya tenga una connotación peyorativa, es muy esperanzador para el resultado del juicio.
-A propósito del quiebre que mencionas cuando escuchaste el nombre: ¿tiene que ver con la carga simbólica política que tomó el nombre de Mariano?
-Cuando me enteré que lo habían matado me fui del laburo, me tomé un taxi y el taxista justo estaba escuchando una radio que estaba hablando del tema. El primer quiebre que tuve fue cuando el tipo de la radio menciona a Mariano: dice el nombre Mariano Ferreyra, y es justamente ahí el momento en que uno siente que el tipo de la radio te lo arrebata, ¿entendés? Te lo saca, deja de ser Mariano, El Jefe, El Bala, tu amigo, y pasa a ser Mariano Ferreyra, Mariano Estaban Ferreyra, el asesinado en la masacre de Barracas. Con el paso del tiempo uno se acostumbra, quizás cada vez un poco más, a escuchar el nombre de él, ver su cara en todos lados… E incluso a medida que pasa el tiempo los recuerdos se van perdiendo, a pesar de que no pasó tanto… De repente hay cosas que ya no te acordás, y Mariano pasa más a ser Mariano Ferreyra, el pibe del que uno habla cuando va a las entrevistas, de alguien del pasado. Cuando di la entrevista para el libro (“¿Quién mató a Mariano Ferreyra?”, de Diego Rojas) me costaba mucho hablar de Mariano en pasado, no me animaba a asumir que estaba hablando de alguien que no estaba, que ya no existía. A medida que pasa el tiempo, cada vez más vas asumiendo que cuando hablás de Mariano estás hablando de historia: de la historia del país, de la historia de la política, del sindicalismo argentino, más que de hablar de un amigo.

-¿Cómo te llevás con esa transformación del nombre de Mariano en un símbolo?
-Es difícil también, porque además Mariano pasó a estar muy idealizado: ahora es el prototipo de militante revolucionario, cuando entre nosotros era un pibe más, un militante muy reconocido. El otro día empecé a buscar los mails de Mariano y publiqué uno en Facebook en donde Mariano pasa un informe; lo hizo para un compañero que era nuevo y lo bardea en broma. Esto me acercaba más al Mariano que era, al pibe que conocíamos, que al que ves ahora y sentís muy distinto. Ese pase de un Mariano a otro me cuesta terminar de asimilarlo. Es difícil, sobre todo, porque siendo amigo de él, no tomás la dimensión de lo que Mariano realmente estaba haciendo. Porque alguien lo ve de afuera y escucha: un pibe que luchaba contra la tercerización, estudiante y lo mataron… Tiene un carácter histórico y político impresionante, y uno quizás lo ve de otro lugar. Del lugar de me mataron a un amigo más que el del mártir o el del prototipo de militante revolucionario asesinado. Es difícil transformar a Mariano en Sacco y Vanzetti. En un ideal. Hay una tensión en eso.

-De hecho, hay un texto tuyo que escribiste para el año pasado, el día que Mariano hubiese cumplido 24 años, en el que decís: “(…) Parafraseando a Fidel: si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece a los tiempos futuros, de corazón digo que ese modelo es Mariano Ferreyra” (http://www.plazademayo.com/2011/06/el-jefe/)
-Claro, es una frase de Fidel Castro hablando de (Ernesto) Che Guevara. Trataba de decirlo justamente hablando de Mariano un poco más como persona. Ese texto lo escribí porque después de darle la entrevista al libro sentí que me quedaron todas esas cosas para decir de Mariano y quería que la gente se entere cómo era como persona. Él tenía todas las características que se pueden reivindicar a una persona. Como amigo, como compañero, más allá del militante; a veces a la gente como Mariano o a mí le cuesta hacer amigos. Y de repente elegir a un tipo como Mariano y que te lo arrebaten así, de esa manera… Le deja a uno muchas ganas de contar cómo era Mariano, cómo era esta persona que quisieras que muchos fueran como él.

-¿Estas actitudes que él tenía como persona después las trasladó a la militancia política?
-Obviamente, porque además, por lo general, la militancia tiene momentos difíciles, contradictorios, de dudas, donde a veces lo personal también se mezcla con lo político. Tener compañeros como Mariano siempre te sostiene en la militancia, porque veías también la tenacidad, la lucha que él llevaba. Era de esos militantes que daban la pelea a fondo dentro del Partido. Tenías entonces a quién aferrarte. También, como era una persona humilde, siempre estaba con vos, te daba una mano, te ayudaba a hacer actividades, te estimulaba en la comprensión política de los procesos. O te prestaba libros y te hablaba de teoría cuando leía algo. Se preocupaba por tu formación política y si te pasaba algo también se preocupaba. Era un sostén muy importante en el Partido, en Avellaneda.

Mariano, el amigo

-¿Cómo se conocieron con Mariano?
-Militando en el CBC de Avellaneda. Me acuerdo que cuando conté ahí en el libro la historia de cómo nos hicimos amigos, me paso después algo muy gratificante; los compañeros me decían: “¡Otra vez contaste esta historia de cómo se conocieron!”. Pero si yo no la conté nunca, les dije. “Pero Mariano nos tenía las bolas llenas con esa historia”, me dijeron. Cosa que yo no sabía, que Mariano siempre contaba cómo se había formado nuestra amistad. Algunos compañeros me habían dicho, pero no sabía que era algo que Mariano les tenía las bolas llenas, que les decía: “Con El Be me conocí así, así nos hicimos amigos…”. La verdad que fue muy gratificante escuchar eso. Nos conocimos con lo de Cha Cha Cha: casi no nos hablábamos y una vuelta empezamos a hablar del programa y nos empezamos a reír, y llegaba al día siguiente y lo saludaba con un abrazo. A las compañeras les molestaba que nos hayamos hecho amigos de un día para otro, a los abrazos y riéndonos tanto. “¡¿Qué se abrazan!?”, bromeaban. Él era cerrado al principio, igual que yo, de no hablarnos mucho y de repente, a partir de un punto en común que encontramos, la amistad floreció y se estableció fuerte.

-¿Cómo lo llamabas en el día a día?
Yo le decía Mariano, siempre. Me acuerdo que le decía así porque había escuchado hablar de él como El Bala, pero nunca me gustó ese apodo y siempre le decía Mariano. Una vuelta me dijo, como agradeciéndome: “Che, vos sos el único que me dice Mariano, todos me dicen El Bala…”. Me acuerdo que incluso una vez se enojó con un compañero que estaba en el CBC: resulta que Mariano estaba en una punta y el compañero en la otra, y éste le empieza a gritar para llamarlo: “¡Baaalaa! ¡Baaalaa!”. Mariano se hacía el boludo, pero mal. El otro seguía: “¡Baaalaa!”. Todo con la gente pasando, con las chicas ahí, que se yo. Y Mariano se hacía el boludo y después lo cagó a puteadas. No sé si no le gustaba nada ese apodo; quizás estaba un poco acostumbrado, entre los íntimos. Pero no le gustaba mucho. Entonces me parecía que si le hacía sentir bien que le diga Mariano, me parecía mejor.

-¿Fueron apareciendo nuevos recuerdos de él a medida que pasó el tiempo en estos casi dos años?

-Por la amistad que tenía con Mariano, las anécdotas que siempre me acuerdo son cosas muy difíciles de entender; chistes que es muy difícil que alguien se ría o que lo entienda, porque eran cosas muy absurdas y personales. Para ilustrarte: una vez llegué al CBC y le tiro una noticia, y era mentira. Che, tal cosa, le digo. “¡¿En serio!?”, me respondió. Y ahí le pongo la cara de no. ¡Se empezó a matar de risa, pero mal! Entonces, después, siempre llegaba y me tiraba una. Y yo le decía: ¿en serio? Y se ponía en cuerpo y alma a hacer el chiste y empezaba a negar con la cabeza. A nosotros nos mataba de risa y la gente decía: “¿Qué hacen estos dos?”. Un humor muy absurdo y nos mataba de risa hacerlo la cantidad de veces que te puedas imaginar, siempre aprovechando y esperando el momento para que el otro no se lo espere. Reírse de esas pavadas. De cosas así.

-Leí que le gustaba mucho la serie Doctor House, hablando de humor…
-Si, le encantaba. Yo no lo miraba en esa época, y después lo empecé a mirar y a fanatizarme. Me decía siempre que lo mire, que estaba muy bueno. Le gustaba el humor negro de Doctor House, esa cosa directa, frontal, áspera. Le encantaba esa cosa antihéroe de él. También le gustaba Padre de Familia, decía incluso que eran mejor que Los Simpsons. Padre de familia y Doctor House tienen esa característica del humor negro que le gustaba, esa cosa directa y fuerte.

-Antes hablabas de las chicas… ¿Cómo se llevaba Mariano con el amor?
-Era muy tímido, y algunos dirían que medio lento con las minas… Empecé a militar con Mariano en 2005/2006 y él había roto con una novia que había tenido. Después no le conocí más chicas hasta 2007, cuando se puso de novio con una chica que acercamos al Partido, y se notaba que estaba enamorado, era cariñoso con ella. Él se mudó con esta chica y fue un par de veces a la casa. Como ella estudiaba arte, y él también se había metido en la escuela de arte estaban muy artistas los dos, que se yo, y una vez agarraron todas las bombitas de luces y las pintaron de colores… ¡No se veía nada! Las pintaron con tempera, no pasaba la luz y estuvo toda oscura la casa hasta que volvió a comprar la bombita. Nos reíamos mucho, ya que llegabas a la casa, prendías la luz y era una penumbra. En las paredes de su pieza, en el departamento, tenía toda la pared llena de dibujos que había hecho y cosas que había escrito. Algunos dibujos eran medio macabros, una cosa media rara, y ella le decía que los borre porque no se podía dormir. ¡Y él terminó borrando uno porque era muy feo y ella no se podía dormir con la cara de ese dibujo ahí! Una vez vino a mi casa y estábamos boludeando, agarró la computadora y empezó a hacer un dibujo en el Paint; terminó el dibujo y lo puso como fondo de pantalla. Yo me había olvidado que él lo había hecho y ahí quedó: en el fondo de pantalla de mi computadora hay un dibujo que hizo Mariano que lo puso un día que vino a mi casa a hinchar las bolas.

Mariano, el músico

-Le gustaba todo de Pink Floyd; en realidad nunca lo escuché hablando del primer disco que es un muy extraño, muy psicodélico. A mí me acercaba discos de Pink Floyd ya de la década del noventa. Me acuerdo en particular de Division Bell. Me dijo: “Che, escuchate el tema Coming back to life. ¡Escuhá la voz de (David) Gilmour! ¡Es impresionante!”. Creo que era la banda que más le gustaba. Con la música también era muy selectivo, tenía muchos prejuicios: había cosas que no se iba a sentar a escuchar. Pero me acuerdo que teníamos la música en común, y nos juntábamos a tocar el tema de Pink Floyd I wish you were here. Ya he contado que los pibes nos gastaban con ese tema, porque siempre nos juntábamos a tocarlo porque es muy bueno para tocar de a dos. A Mariano le gustaba mucho escuchar y hacer la música que escuchaba. Había tenido un teclado, la guitarra y también un acordeón. Siempre hacíamos alguna combinación.

-¿Era mejor tecladista que guitarrista o al revés?
-Teclado no aprendió en realidad. Primero se había comprado el acordeón que le fascinaba tocarlo y que se lo quiso comprar toda la vida. Lo hizo y se dio cuenta que tenía que tomar clases, porque la guitarra era un poco más llevable si querés sanatear., pero el acordeón no. Y como en un pibe como Mariano era medio complicado que tome clases, lo terminó cambiando. Se lo cambió a un ciego en Mercado Libre por un teclado. Siempre hacía el chiste: “Me podría haber llevado las dos cosas (risas)”. El teclado también le duró poco y volvió a la guitarra. Le costaba tomar clases porque todo lo metódico y sistemático que era con el Partido, en el resto era un desastre. Me acuerdo que el día que lo conocí en un plenario que se hizo en Avellaneda, en el CBC, Jacyn le reprochó a Mariano -como una acotación graciosa en medio de la reunión- que se tendría que haber anotado en el CBC y que se le pasó la fecha. Se lo decía porque Mariano quería estudiar y porque íbamos a desarrollar un trabajo político ahí, pero al chabón se le pasaban las fechas. No cursó nunca en el CBC, e incluso no recuerdo si llegó a anotarse, ya que me parece que se le volvió a pasar la fecha el otro año… Se terminó anotando en un terciario que también lo terminó dejando; después en una escuela de arte que también la dejó… Era muy demandante con el Partido. El Partido era lo importante y el resto eran hobbys. Él no decía: “Voy a dedicarle mi vida a estudiar ese instrumento”, porque estaba dedicando su vida a otra cosa y el resto era accesorio.

“Estoy seguro que la lucha que dio Mariano la volvería a dar una y mil veces”

-Después de dos años de haberse cometido el crimen de Mariano: ¿pudiste afrontarlo o es algo que nunca se termina de cerrar?
(Hace un largo silencio, piensa). A veces uno trata más de no pensar. Quizás la asimilación fue más un “no pensemos en eso”, y “tratemos de no recordar tanto”, porque la verdad es que es muy difícil. Yo empecé a consultar con amigos que quizás se les había muerto la madre o habían tenido alguna situación similar, preguntándoles cómo se hace, cómo asume uno que esa persona con la que contabas ya no vas a contar más… Obviamente no hay una respuesta. No sé si algún día… (Hace otro largo silencio. Lo atraviesa lo tristeza. La angustia.). No sé, a veces pensás que algún día lo vas a volver a ver, eso no termina de cerrar. Cuando tenés tantas cosas en común con una persona o se instala una relación así, hay veces que te suceden cosas y lo primera que pensás es contárselo a esa persona; a mí me pasaban un montón de cosas y lo primero que se me pasa por la cabeza es contárselo a Mariano. Es difícil tratar esa parte inconsciente. Incluso, después de dos años, vengo a dar una entrevista y todavía me quiebro.

-El tema del juicio también debe movilizar, muchas cosas que se ponen en juego…
-En el tema del juicio me cuesta personalmente ver la importancia política, más allá de que haya participado de la campaña. Un compañero me escribió que para muchos la campaña de Mariano se convirtió en una cosa personal más que política. A veces no sabés si las cosas que uno está haciendo las hace por la importancia política de la actividad o por un sentimiento de recordar, de homenajear a un amigo, de dar todo por esa amistad.

-¿Qué hubiese pensado Mariano de todo esto: de la trascendencia, masividad y dimensión política que alcanzó su nombre?
Mariano era un pibe que obviamente no buscaba la muerte ni enfrentamientos violentos que pudieran terminar así. A pesar de esto, siempre tuve la certeza de que si a Mariano le dieras la posibilidad de elegir de volver a militar en el Partido y de volver a hacer todo lo que hizo, y la lucha que dio, yo creo que lo volvería a hacer sin lugar a dudas. Sin lugar a dudas. Porque la importancia que le daba a la lucha, sus deseos de transformación de la sociedad no tenían limites. Veías la convicción que tenía Mariano en hacer las cosas que hacía y sabías que no era un pibe que estaba, como dicen algunos, salvando las culpas pequeño-burguesas, quizás como un hobby o un pasamiento: Mariano era un pibe que quería, al mejor estilo leninista, ser un militante profesional; le daba importancia a todos los aspectos de su militancia, tanto la práctica como la teórica. Siempre estuve seguro en ese sentido que la lucha que dio Mariano, todas las luchas que dio, las volvería a dar una y mil veces, porque todos los que militamos sabemos que es la única forma que hay de transformación social. La enorme repercusión que tuvo la lucha que dio él, es lo que más orgulloso le habría puesto de su propia actividad política.

-¿Él se definía como un revolucionario?
-Sí, por supuesto. Nunca lo ibas a escuchar decirlo, porque suena a una cosa muy estereotipada y él era muy desestructurado en cuanto al lenguaje militante; era muy difícil que lo escuches decir: “Yo soy un revolucionario”. Tenía a veces un exceso de humildad y revolucionario es una palabra muy grande. Pero sin lugar a dudas que lo era. Porque cada vez que tenía que definir a un compañero que estaba a la altura de él y que incluso hacía menos, Mariano lo definía como militante revolucionario. Él estaba convencido de que quería hacer una revolución. La única forma de hacer una revolución es con militantes revolucionarios y estaba decidido a hacer eso. Uno se da cuenta que ése era su objetivo, no formarse teóricamente para discutir, no hacer actividades para pasar el tiempo, sino formarse políticamente para tener herramientas y transformar así la sociedad.

El sonido de las guitarras de Mariano y El Be sigue sonando. Continúan el estribillo de I wish you were here. Cantan a dúo, en inglés, algo que se traduce así como “solo éramos dos almas perdidas que nadaban en una pecera, año tras año, corriendo siempre por el mismo viejo camino”. Mariano, con la distorsión eléctrica, rasguea mirando hacia abajo, concentrado, con algo de ternura y timidez en los ojos, la mirada. Pero otra vez se ríen de nuevo, juntos. El video va terminando de a poco con unas risas de fondo, a las que suma otro amigo, Luciano, el que filma la escena. Queda, para siempre, ese sonido entre los amigos, esa amistad. Queda ese correr siempre por el camino de la lucha y la transformación. Queda la lucha intacta por un mundo mejor. Queda ese ojalá que estuvieras acá.

 

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