Wainfeld, sobre Mariano y Pedraza

Por A. Guerrero

Mario Wainfeld, en una nota publicada en Página/12 el viernes 10, sostiene que, en el caso Mariano, “el gobierno cooperó en fases cruciales, tanto en la producción de la prueba de cargo cuanto en protección a ciertos testigos”.

Se trata, por decir lo menos, de una falacia.

Wainfeld retoma el “relato” presidencial acerca del “testigo de identidad reservada” que el gobierno dice haber aportado, el cual, según CFK, fue decisivo para esclarecer el crimen.

No es cierto. Ese testigo es un miembro de la patota criminal, aportado por el intendente de Quilmes, Francisco “Barba” Gutiérrez, lo cual, dicho sea al pasar, prueba ante todo los vínculos íntimos de estas bandas con el aparato político-punteril del Gran Buenos Aires. Ese testigo fue el que señaló a Cristian “Harry” Favale como autor del disparo que mató a Mariano. A Favale y sólo a Favale. Ahora, conviene recordar, la burocracia de la Unión Ferroviaria dice que defenderá “incondicionalmente” a todos los acusados; esto es: los defenderá sean inocentes o culpables. Es una amenaza, una apretada en regla, una extorsión. A todos, dicen, salvo a Favale. Como se ve, hay una línea clara en defensa de los imputados para cargar toda la responsabilidad en un sicario, pero un sicario, se sabe, es como el papel higiénico que se usa y se tira.

Por eso Favale, según se sabe por varias escuchas telefónicas, dice una y otra vez: “me quieren engarronar”, y amenaza con hablar, con decir “todo lo que sé y vienen todos en cana conmigo”. Razonablemente, se puede sospechar con fundamentos que las excursiones “culturales” de Favale con el “vatayón militante” son un intento de tranquilizarlo. Algo estarán negociando para comprarle el silencio a ese lumpen.

Las pruebas en contra de lo que sostienen las defensas y en contra de la línea argumental de la Presidenta, retomada por Wainfeld, son abrumadoras, como el mismo periodista reconoce. Los videos exhibidos en las audiencias son abrumadoras: “¿Trajiste los fierros?”, le pregunta Pablo Díaz (conductor de la patota en el lugar de los hechos) a Favale. “Traje pocos”, le contesta el barrabrava. El “testigo de identidad reservada” aportado por Néstor Kirchner, casualmente, no escuchó esos diálogos ni vio a los otros tres tiradores. Lo vio a Favale, sólo a Favale, para salvarles la ropa a los demás.

Mientras tanto, la gente de Pedraza sigue en la Secretaría de Transporte (Antonio Luna) y en el directorio de la Ugofe, y la mujer del viejo burócrata permanece en el del Belgrano Cargas. Pedraza, judicialmente perdido por el peso aplastante de las pruebas contra él, busca su salvación fuera del tribunal, específicamente en sus negociaciones con el gobierno para constituir la CGT-Balcarce con Gerardo “601” Martínez y el resto de los “gordos”. Sus representantes van a reunirse en la Casa Rosada y él, explícitamente y por escrito, respaldó el armado de la central antimoyanista. Es impensable que Pedraza haga gratis una cosa así, cuando, hasta hace poco, respaldaba a Moyano (días antes del asesinato de Mariano, Pedraza y Moyano estuvieron juntos en River, aplaudiendo a Cristina Kirchner).

En definitiva, si la mafia que conduce la UF, o por lo menos buena parte de ella, están presos y son juzgados en estos días, eso se debe a la movilización popular, a la intensa lucha del Partido Obrero, de las numerosas organizaciones sindicales y sociales que aportaron su solidaridad activa a la causa de Mariano, todo eso a pesar y en contra de los intentos de encubrimiento de la burocracia y del propio gobierno.

Comparación provocadora

Casi al final de su artículo, Wainfeld dice: “La trayectoria de Pedraza amerita, claro, una mirada política amplia. Tanto que posiblemente trascienda su figura. Supo ser un militante de base, un dirigente luchador, un cuadro que combatió la dictadura y que emergió como una figura renovadora en la restauración democrática. Alguna vez, sin exagerar los parangones, se pareció más al militante popular Mariano Ferreyra que al hombre de hoy, de mirada perdida, patrimonio material incalculable y rostro que denuncia su decadencia. Las peripecias que lo lanzaron cuesta abajo en su rodada son, en sustancia, de dominio público”.

La insolencia, parecida a la provocación, es doblemente pérfida por la pizca que tiene de verdad.

En 1961 se produjo una huelga ferroviaria histórica, dirigida por delegados de base, por activistas adheridos en su mayoría a la que ya se llamaba “tendencia revolucionaria” del peronismo, y por otros de la izquierda no peronista. Ellos desplazaron a los viejos burócratas conciliadores y aguantaron la huelga contra viento y marea. Uno de esos jóvenes combativos era Pedraza, que en aquel entonces se declaraba marxista y tenía vínculos con el PC.

En 1966, Pedraza fue detenido por la dictadura de Onganía, y poco después tomó parte en la fundación de la CGT de los Argentinos contra la burocracia vandorista. El asunto tiene su interés, porque en la trayectoria personal de este hombre puede verse, en un grado extremo, la elipse que va del surgimiento y el apogeo hasta la descomposición criminal de un enorme movimiento social (en ese punto, es ilustrativa la película “Los traidores”, de Raymundo Gleyzer).

En otras palabras: las “peripecias que lo lanzaron cuesta abajo en su rodada” no son “de dominio público” sino motivo de análisis político profundo, no de ligerezas.

Fue aquel un momento de transición en el movimiento obrero. Muchos de aquellos jóvenes activistas terminaron luego transformados ellos mismos en burócratas, en la misma lacra que habían combatido. Por supuesto, no todos se volvieron asesinos, como Pedraza. Por eso, él es un caso extremo de aquella tragedia y una lección histórica. De ahí que, cuando se habla de la necesidad de que el movimiento obrero se fusione con la izquierda revolucionaria, se apunta, entre otras cosas, a que la lucha de hoy no vaya a parir otros monstruos como este.

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