Los otros Talleres

Por Edgardo Imas*

Los diarios de hoy hablan de los talleres de Remedios de Escalada como sitios de espanto. Allí, sin embargo, hubo historias de deporte y dignidad.

El crimen de Mariano Ferreyra colocó en el ojo del huracán a los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada. Con la anuencia de la empresa, la Unión Ferroviaria de Pedraza reclutó allí a muchos integrantes de la patota que persiguió a balazos a una manifestación de trabajadores tercerizados del Roca.

Contrasta la actualidad de esos talleres con lo que han significado para la historia y el desarrollo del ferrocarril en la Argentina. Epicentro del británico Ferrocarril Sud, lugar clave en distintas luchas del gremio ferroviario por sus derechos y con una gran influencia sobre la comunidad circundante, su construcción se decidió a fines del siglo XIX para reemplazar los ubicados en Barracas.

Así se llegó al kilómetro 11, entre Lanús y Banfield, a una zona denominada Villa Galíndez, por el apellido de uno de los propietarios de los terrenos adquiridos por la empresa británica. La piedra fundamental fue colocada en julio de 1899 y en los cuatro años siguientes fueron inaugurados los talleres, la estación y los almacenes, además de viviendas para los trabajadores.

La estación y, por extensión, toda la zona pasaron a llamarse “Los Talleres”, hasta que en 1923 cambiaron su nombre por el de Remedios de Escalada. La nacionalización peronista de los ferrocarriles, la privatización de Menem y Pedraza y cierta reactivación en los últimos años constituyeron otros hitos de su historia.

En la cacería del 20 de octubre, una vez más, el fútbol, en su faceta más siniestra y deplorable, dijo presente: dos de los procesados son barrabravas, con “militancia” sindical y política.

Pero no siempre fueron utilizados trabajadores ferroviarios para causas tan bastardas. El desarrollo del ferrocarril a manos británicas contribuyó con la expansión del fútbol. Decenas de clubes en todo el país fueron fundados por funcionarios y trabajadores ferroviarios. Atestiguan ese origen nombres que se repiten en numerosas entidades, como Central Córdoba, Central Argentino, Talleres y varios más con el aditamento de Ferrocarril (Oeste, Urquiza y Midland). Otras han desaparecido, pero actuaron en el fútbol oficial, como Tracción San Martín, Tráfico, Ferroviario (Haedo), FC Pacífico, FFCC del Estado, FC Provincial (La Plata) y el Buenos Aires al Rosario Railway, que jugó el primer torneo oficial en 1891.

En el barrio Los Talleres existió Ferrocarril Sud, un club ferroviario que actuó en el Ascenso de la Asociación Argentina hasta 1917.  Su origen se remonta a 1882, cuando un colegio británico, el Barracas Institute, fundó su propio club de cricket. Entre 1897 y 1899, ya con el nombre de Lanus Athletic Club y volcado al fútbol, participó en Primera División, hasta que luego fue rebautizado.

Sin embargo, el principal club de la zona fue el Club Atlético Talleres, que hoy milita en Primera C. Surgido en 1906, su denominación original, Talleres United Football Club, recogió la del lugar de nacimiento, aunque nunca tuvo una vinculación orgánica con el ferrocarril. Entre sus fundadores sí hubo obreros ferroviarios y, naturalmente, muchos trabajadores de los talleres y sus familias afincadas en la zona fueron socios y simpatizantes del club.

Talleres ganó el ascenso a Primera en 1925, y en 1931 fue uno de los 18 clubes que fundaron el profesionalismo en la Argentina. En el círculo superior permaneció hasta 1938. Sobrevinieron luego largos 72 años trajinando las categorías del Ascenso, y con una gran influencia en la comunidad, tanto es así que en los años setenta llegó a contar con doce mil socios.

Por sus filas pasaron jugadores como el legendario arquero de la Selección argentinaÁngel Bossio, José Salomón, los hermanos Javier y Sergio Zanetti, Roberto Pompei y el Ruso Verea. El Tanque Germán Denis, que suele integrar la Selección nacional y actualmente juega en el Udinese de Italia, en Escalada sigue siendo “el Monito” y en sus viajes de descanso aún se apasiona trepándose a los paraavalanchas del estadio de Timote y Manuel Castro.

Mientras en 2010 algunos empleados de los talleres en horario de trabajo participan en patotas, hace ocho décadas muchos obreros ferroviarios, al finalizar su jornada laboral, ayudaban en la mudanza del viejo estadio de Talleres a su actual emplazamiento. El traslado de la casilla de madera y las instalaciones requería del apoyo de toda la barriada.

Algo similar ocurrió en 1999, cuando toda Escalada se movilizó por el Club Talleres, debido a la quiebra dictada por la Justicia. Estallaba así el cóctel explosivo de desaguisados dirigenciales y la bancarrota que significó para los clubes de barrio una década de menemismo.

Ahora, sólo el juicio y el castigo a todos los ejecutores y responsables intelectuales y cómplices del crimen de Mariano Ferreyra harán que los talleres recobren su esencia obrera y su intrínseca relación con la barriada.

* Publicado en Revista Caras y Caretas Nº 2253. Diciembre de 2010

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