Balanceamos la marcha del juicio junto a Pablo Ferreyra

Al concluir la tercera semana del juicio, se puede establecer el primer balance. Se va agosto y pasaron casi 20 testigos, entre policías que no dicen mucho –aunque algunos se compliquen- y las emotivas presencias de los compañeros de Mariano y Elsa. El silencio de unos contrasta con la contundencia de otros.

El Diario del Juicio hace un parate reflexivo y le pidió a Pablo Ferreyra, hermano de Mariano, que brindara sus impresiones al cabo de estas 10 audiencias iniciales que se van en el primer mes de juicio:

-Me parece que esta fue una de las mejores semanas porque hubo un testimonio conmovedor que mostró la brutalidad de la patota, que fue el de María Wenceslada Villalba.Por otro lado, las declaraciones de los policías fueron reveladoras en cuanto a la cantidad de móviles policiales que estaban ahí en el lugar y cómo estaban dispuestos, las contradicciones que hubo, cómo en algún momento uno de los policías se siente amenazado por la misma patota y tiene que identificarse como policía y que vio como los coches estaban cubriendo la calle tapándola y después como la liberaron para que, aparentemente, pase la patota.

-¿Creés que se desactivó la estrategia de la defensa?

Los abogados están desarrollando todo claramente y, para mí, lograron demostrar que hubo un ataque brutal con la intención de aleccionar a los tercerizados. Ya eso me parece muy difícil que se pueda poner en juego con una visión alternativa como la del enfrentamiento o la riña.

-¿Cuál es la perspectiva de acá en adelante?

-Ahora habrá que ir por las responsabilidades que tuvo cada miembro de la patota y, por supuesto, quedará para el final lo más importante que es la participación intelectual de Pedraza y Fernández.

Día 10: Los policías (casi) nunca hablan

La décima jornada del juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra y la agresión a sus compañeros estuvo signada por los pasos de comedia entre los abogados de la defensa y el Tribunal Oral en lo Criminal 21. En una audiencia breve –por la poca monta de las declaraciones de los cuatro policías llamados a prestar testimonio y las escasas preguntas que recibieron-, lo más relevante pasó por los intentos de la defensa por entorpecer el proceso con reparos menores y que no fueron tomados en cuenta por el Tribunal. Los intercambios, por momentos, se tornaron tediosos y provocaron las risas nerviosas de los presentes.

La jornada comenzó con algunas ausencias significativas: José Pedraza, Juan Carlos Fernández y Pablo Díaz advirtieron mediante sus letrados que no concurrirían en la fecha. Por su parte, Cristian Favale, Gustavo Alcorcel,  Salvador Pipitó y Daniel González llegaron una hora tarde a sus asientos de imputados, debido a una supuesta demora en el traslado desde Ezeiza.

De movida nomás, se evidenciaron las dos primeras maniobras de la defensa. El abogado Aejandro Freeland –defensor de Díaz- solicitó al tribunal que le avisara cuando se llamara a declarar a los testigos de identidad reservada, con la irrisoria explicación de que su defendido no quería acudir a todas las audiencias, pero sí a esas en especial.

-Por favor, al menos avíseme una semana antes, su señoría –dijo el defensor del ausente Díaz.

-Si le aviso estaría violentando el principio de seguridad de esos testigos de identidad reservada –denegó el juez Horacio Días, ante las risas en la sala.

Acto seguido, se advirtió que se citaría a declarar a cuatro policías: Giose, Castro, Tocalino y Recalde. En ese momento, la defensora de Favale pidió que reservaran a Tocalino para cuando llegara su defendido. Pronto se entendería el porqué. Sigue leyendo

El “presente” y el “pasado” lo condenan

Por Juan Ferro*

El juicio oral y público por el asesinato de Mariano Ferreyra ha dado lugar a una serie de interpretaciones teóricas sobre la descomposición política, sindical y personal de José Pedraza. No es el propósito de esta nota abundar en las denuncias actuales, pues ya han corrido ríos de tinta sobre el Pedraza empresario, sobre sus turbios negocios con los dineros de la Unión Ferroviaria, sobre su manejo patronal con las tercerizadas ferroviarias y sobre el accionar de las patotas de la UF a su cargo.

Sí es necesario desmitificar el llamado pasado “combativo” de Pedraza, pues hasta la denuncias más “fuertes” -venidas, fundamentalmente, de teóricos del cristinismo, como Foster y Verbitsky- ensayan una versión interesada sobre su pasado de “luchador”. Esa versión oculta que asumió hace 25 años la UF, con el apoyo de intendentes y gobernadores peronistas.

Pedraza siempre fue un elemento oscuro, extremadamente oportunista, con nula sensibilidad obrera, un pésimo orador que le huía a las asambleas de la oposición ferroviaria en los tiempos de la dictadura y que siempre se manejó en las trastiendas de las roscas por el poder de la Unión Ferroviaria. Sigue leyendo

Día 9: Un policía confirma que le liberaron la zona a la patota

Como suele decirse, la peor pesadilla de las defensas de los asesinos de Mariano empieza a hacerse realidad. Si el testimonio de María Villalba, en la audiencia de ayer, terminó de aplastar, conmovedoramente, la teoría del “enfrentamiento”, las razones de la querella respecto de la policía fueron ratificadas hoy por el sargento José Alberto Ortigoza, quien no está imputado y evidentemente no desea estarlo. Este policía confirmó los testimonios de los compañeros de las víctimas sobre cómo sucedieron los hechos.

Ortigoza señaló que el número de patoteros era considerablemente superior al de manifestantes, y que éstos intentaron salir de la zona pero se vieron envueltos en lo que constituyó una emboscada en regla. Ortigoza pertenecía al servicio de calle de la seccional 30ª, con jurisdicción en el lugar de los hechos, y fue convocado al lugar cuando el ataque de la patota aún no se había producido.

“Llegué y lo vi al comisario (Rolando) Garay hablando por teléfono”, dijo. Garay, con el grado de subcomisario, estaba entonces a cargo de la 30ª. Esa declaración ratifica que la policía usó aquella mañana teléfonos POC, prohibidos por las reglamentaciones policiales porque impiden guardar las comunicaciones que están obligados a dejar registradas. Ese fue el sistema que se usó para liberarles la zona a los criminales. Sigue leyendo

Los “Favale” de la 12 se tirotearon en una autopista

Los barrabrava y el “sottogoverno”

Por A. Guerrero

Los “Favale” de la barra de Boca se tirotearon entre ellos en la autopista Rosario-Santa Fe, en un hecho que viene a develar, una vez más, el entramado mafioso de las barras bravas con la política, con el crimen organizado desde el poder del Estado.

Los “muchachos llenos de pasión” de la Presidenta, esos tipos trepados a los para avalanchas que ella decía admirar en la cancha de Gimnasia, son, sin embargo, poco pasionales: pelean, matan y mueren por dinero. En el caso de Favale, por un puesto de ñoqui en el ferrocarril, manejado en gran parte por los criminales de la que Aníbal Fernández llamó “columna vertebral” del gobierno. En otros casos, como el de los jefes de La 12, los enfrentados Rafael Di Zeo y Mauro Martín, por mucho dinero. Ellos son la expresión más brutal de otras luchas que se desenvuelven en los riñones del poder político. Por ejemplo, la disputa de perros del gobierno nacional con el de la provincia de Buenos Aires por el control de los juegos de azar; y con Mauricio Macri y Daniel Angelici, el Cristóbal López del macrismo.

Sigue leyendo

Día 8: Los policías nunca recuerdan nada.

Probablemente la jornada de hoy sea recordada como el día en que la estrategia de la defensa comenzó a resquebrajarse. Aunque, cabe resaltarlo, nunca fuera del todo efectiva. La dilación, las chicanas y las argucias leguleyas de la defensa –que volvieron a estar presentes hoy- quedaron al descubierto ante el testimonio demoledor de María Villalba, la compañera del Polo Obrero que asistiera a Mariano Ferreyra y a Elsa Rodríguez el día en que la patota descargó su balacera en Barracas.

El relato crudo y contundente de María contrastó con los silencios plomizos de los policías: en la octava audiencia, luego de la emotiva narración de Villalba, declararon cuatro policías que, bajo juramento, retrucaron a todas las preguntas con igual mecanismo: “No recuerdo nada, pero si lo puse en el acta, eso es lo que pasó”.

De esta forma, cobró mayor vigor la locuacidad de la compañera de Mariano y Elsa. Como dijo Claudia Ferrero (abogada de la querella) al concluir la sesión: “El testimonio de una mujer de 60 años, desarmada y quebrada en llanto, dio por tierra con todas las provocaciones de la defensa: de las supuestas riñas, enfrentamientos o lo que sea”. Villalba contó con precisión lo ocurrido aquél 20 de octubre. Aunque nunca quiso regresar a Barracas, cerró los ojos para recordar cada detalle posible, pero descartó señalar horarios porque el día previo había perdido su celular y no tenía reloj. Y dejó sin aliento a los abogados defensores: no tenía gomeras, ni palos, ni armas tumberas. No tenía nada. Sigue leyendo

La connivencia activa de la Policía Federal

Por A. Guerrero

Desde el primer momento, las abogadas Claudia Ferrero (PO) y María del Carmen Verdú (Correpi) rechazaron la acusación de “abandono de persona” formulada contra los policías involucrados en el asesinato de Mariano, y solicitaron que se los juzgara por homicidio simple agravado, puesto que sin su participación el crimen no podría haberse cometido.

Ahora, vistos los videos, la acumulación de pruebas y los testimonios, se advierte que las cosas fueron aún peores de lo que ya se sabía.

No hubo simplemente una “zona liberada” para que la patota actuara. La policía no se limitó a irse y dejar hacer a los criminales. Hubo una intervención activa, con comunicaciones, logística y cobertura a la banda pedracista.

La policía “tomó partido por el sector de la Unión Ferroviaria”, dice incluso la acusación judicial que, no obstante, insiste en acusar sólo por abandono de persona agravado, seguido de muerte.

La primera evidencia de ese tomar partido, activamente, se tiene en el hecho de que un cabo de calle de la Federal, de apellido Maldonado, evidentemente ajeno al acuerdo de sus jefes con los criminales, vio a la patota entrar en jurisdicción de Capital, advirtió sus intenciones y pidió ayuda y refuerzos al comando central. Desde allí le contestaron que se limitara a seguir las órdenes de los oficiales a cargo en el lugar. Esos oficiales eran los comisarios Luis Mansilla, jefe de Control de Líneas de la PFA; y Jorge Ferreyra, jefe de la División Roca de la misma fuerza. En otras palabras: le dijeron a Maldonado que no se entrometiera, que ahí ocurrirían cosas que no eran de su incumbencia. Sigue leyendo